Mi amigo me dejo de hablar por su novia

Ah, el amor. Esa fuerza misteriosa que transforma al más rudo de tus compadres en un osito cariñosito que te ignora sin pudor. Todos hemos sido testigos de esta tragedia moderna, donde de repente, sin previo aviso ni comunicado oficial, ese amigo que era el pilar de tus travesuras y cómplice de tus peores decisiones, se desvanece de la faz de la Tierra. Ya no contesta el WhatsApp, no aparece en las retas, y si lo ves, es por pura casualidad en el súper, empujando un carrito con vegetales orgánicos y una cara de recién bañado que no le conocías. La razón de esta metamorfosis y desaparición forzada es casi siempre la misma: una nueva relación. Y ahí estás tú, lamentando que mi amigo me dejo de hablar por su novia, sintiéndote como el ex tóxico que no supera el rompimiento, pero de una amistad.

Es un duelo en toda regla, pero sin flores ni velorio. Pasas por todas las etapas: negación (“Seguro está enfermo”), enojo (“¡Pero qué le pasa a este vato!”), negociación (“¿Y si le mando un mensaje de voz cantándole para que regrese?”), tristeza (“Lo extraño, ¿sabes?”) y finalmente, una resignada aceptación de que ahora su vida gira en torno a su princesa y sus planes de fin de semana con ella que no incluyen a sus viejos amigos. De ser el alma de la fiesta y el que proponía las carnitas asadas, se convierte en el encargado de sostenerle la bolsa en la plaza comercial. La escena es tan común que ya debería haber un manual de supervivencia para los amigos que quedan huérfanos de su “hermano de otras madres” cuando Cupido lanza una flecha con veneno de amnesia social.

Cuando mi amigo me dejo de hablar por su novia: La fase de negación y los síntomas del “mandilón”

Al principio, uno trata de entender. “Seguro está muy enamorado”, “está conociéndola”, “ya se le pasará”. ¡Iluso! Esos son los primeros síntomas de la mandilonitis crónica. Tu amigo, ese que se burlaba de los novios que pedían permiso para todo, ahora es uno de ellos. Pide permiso para ir al baño, para respirar o para pensar. La lista de planes que antes era tan sencilla —unas chelas, una partida de videojuegos, echar chismografía— ahora requiere de una aprobación divina, un ritual complicado que involucra consultar la agenda de su pareja, su estado de ánimo y, si la luna está en cuarto creciente, tal vez, solo tal vez, un “sí” a regañadientes para salir contigo un par de horas.

Te conviertes en un fantasma en su vida. Los planes de grupo son un desafío logístico digno de la NASA. Si por fin logras que se aparezca, lo hace a la hora de la comida y se retira antes del postre porque “ya tiene que irse” o “su novia lo espera para ver una serie”. ¿Y de qué hablan? De ella. De cómo le hizo el desayuno, de lo que le regaló, de la serie que están viendo juntos. Es un monólogo del “nosotros” que te hace extrañar los tiempos donde sus preocupaciones eran si el América ganaba o qué taquería probamos ese fin de semana. No es que no nos alegremos por su felicidad, pero cuando te das cuenta de que mi amigo me dejo de hablar por su novia, es difícil no sentir un poco de coraje, como cuando tu perro favorito te cambia por las croquetas del vecino.

Cómo sobrevivir al abandono amistoso y esperar el inevitable regreso

La buena noticia, o la mala, depende de cómo lo veas, es que esta fase de hibernación social rara vez es eterna. La mayoría de los “mandilones” regresan, con la cola entre las patas, cuando la novedad del romance se asienta o, en el peor de los casos, cuando la relación truena como globo en fiesta infantil. Mientras tanto, aquí te damos algunos consejos para mantener la cordura y no terminar mandando brujería:

  • No te lo tomes (demasiado) personal: Aunque duela como piquete de alacrán, no se trata de ti. Se trata de que tu amigo está en modo “tonto enamorado” y su cerebro funciona con otras prioridades. Es una fase.
  • Hazte el disimulado pero presente: Mándale un meme de vez en cuando, un “qué onda, perdido” muy casual, pero sin rogar. Que sepa que sigues ahí, pero no que lo necesitas para vivir. La dignidad ante todo, como dicen las abuelas.
  • Invierte en otras amistades: Aprovecha este tiempo para reconectar con otros amigos, o para hacer nuevos. El mundo es grande y hay mucha gente dispuesta a armar planes sin pedir permiso a nadie.
  • Prepara tu discurso de “te lo dije”: Porque cuando regrese, y lo hará, tendrás que decidir si lo perdonas o si le aplicas la ley del hielo un ratito para que aprenda la lección. Pero una frase como “Se ve que te puso a dieta porque te veo más flaco” o “¿Así que la luna de miel ya se acabó?” puede ser un buen inicio.

La amistad verdadera es como el buen tequila: mientras más tiempo pasa, mejor sabe. Si tu compadre es de los buenos, su ausencia será temporal. Y cuando el efecto de la miel se le baje y se dé cuenta de la frialdad del mundo sin sus camaradas, volverá. Estará ahí, buscando refugio en la hermandad después de un regaño o una discusión de pareja. Y tú, que ya pasaste por el luto de que mi amigo me dejo de hablar por su novia, serás el hombro disponible. Con un poco de sarcasmo y una cerveza fría, claro está.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com