Cuándo te cagan las notificaciones

No hay nada más molesto que estar en medio de un sueño profundo o concentrado en no hacer absolutamente nada y que el teléfono empiece a vibrar como si no hubiera un mañana. Esa lucecita roja o el ruidito que parece taladro nos saca de nuestras casillas en un segundo, convirtiendo un momento de paz en una persecución digital constante que nadie pidió. A veces parece que el mundo se puso de acuerdo para interrumpir justo cuando por fin logramos desconectarnos de la chamba o de los pendientes del hogar. Es un estrés que nos hace querer aventar el aparatito por la ventana cada vez que aparece un aviso de una aplicación que ni siquiera recordábamos que teníamos instalada y que de pronto decide que es vital avisarnos de una oferta que no nos interesa.

Momentos específicos cuándo te cagan las notificaciones

Lo peor de todo es cuando el famoso circulito rojo con un número infinito se queda ahí viéndote feo, retándote a que lo abras aunque sepas que no es nada importante. Esos momentos son exactamente cuándo te cagan las notificaciones, porque se sienten como una demanda de atención que se vuelve una carga pesada. Que si el grupo de la familia ya mandó quinientos mensajes con piolines de “buenos días”, que si la aplicación del banco te recuerda que ya te gastaste la quincena, o peor aún, el jefe mandando correos en sábado por la tarde. Es una invasión que nos tiene a todos con los nervios de punta, haciéndonos sentir que siempre le debemos una respuesta inmediata a alguien, lo cual está de la patada para nuestra salud mental.

Aquí te dejo una lista de esas alertas que de plano nos hacen perder la paciencia y que nos dan ganas de poner el celular en modo avión para siempre:

  • Los grupos de WhatsApp infinitos: Esos donde todos mandan audios de tres minutos para algo que se resolvía con un simple “ok”.
  • Publicidad no deseada: Alertas de promociones de esa tienda donde compraste una sola vez hace cinco años y que no te deja en paz.
  • Recordatorios de juegos: Esos avisos que te dicen que tus cultivos virtuales se están muriendo o que tu energía ya se recargó.
  • El “alguien está escribiendo”: Que te deja en suspenso media hora para que al final solo te manden un emoticón de pulgar arriba.

Vivir pegado a un aparato que suena cada cinco minutos es una receta perfecta para el mal humor. Muchas veces, ese ruidito llega en el punto más interesante de una película o cuando estás echando el chisme a gusto con alguien, rompiendo el hilo de la conversación de forma bien gacha. Sentir esa obligación de revisar la pantalla cada vez que se ilumina es una especie de esclavitud moderna que nos quita tiempo valioso. Por eso, no es raro que cada vez más personas decidan silenciar todo y dejar que el mundo ruede, porque la verdad es que la mayoría de esas alertas son puras distracciones que no aportan nada bueno a nuestro día.

Aprender a mandar a volar la urgencia digital es vital para no terminar odiando la tecnología por completo. Si no ponemos límites, el teléfono seguirá siendo ese jefe gritón que traemos en el bolsillo todo el tiempo, interrumpiendo las comidas, las pláticas y hasta los momentos de soledad. No sientas culpa por ignorar ese ruidito y seguir disfrutando de tu tranquilidad; nada es tan urgente como para arruinarte el descanso o la paz mental. Al final, lo más importante es recuperar el control de nuestra atención y decidir nosotros cuándo queremos ver el celular y no que el celular decida cuándo tenemos que pelarlo.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com