Me caes chido, pero ahorita no me hables

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En pocas palabras, puedes ser Superman, pero ahorita no me estés chingando.

Cómo me cagan mis “amigos”, que un buen día, andan de nenas, y de buenas a primeras me dejan de hablar, me dejan en visto, y deciden cortar la comunicación de pesadeces, solo porque andan en sus días especiales del mes, y simplemente no tienen ganas de mis pesadeces.

¡Pues que sensibles!

Ya en serio y sin burlarme de las personas que suelen ser muy susceptibles, continuemos el tema; aunque, ahora que lo pienso, además de darles a todos mis amigos un contrato de confidencialidad, debería avisarles además que esta amistad será clasificación PG-13 y para mentes no susceptibles, para evitar malas pasadas tanto de ellos, como para mí.
Porque la neta, no hay algo que soporte menos, que alguien que, en una racha de cotorreo pesado y fuerte, diga de buenas a primeras, “ya no quiero hablar contigo”, y lo peor, es cuando no te lo dicen en la cara, cuando alguien es incapaz de decirte: Me caes chido, pero ahorita no me hables.

Ay, como me caen gordas esas personas.

Y, yo lo sé, sé que todos tenemos esos momentos en la vida en los cuales no queremos hablar.

Sí, de esas veces que no es nada en particular contra nadie, y más bien andas de “mírame y no me toques”, y por mírame es no me hables, y por toques, es igual, no me hables.
A todos nos ha pasado, están esos momentos de hastió, desagrado, hartazgo que te hacen una persona insoportable que no quiere soportar a nadie, y esa sensación tiene un espectro muy amplio y sin importar quien sea, no quieres hablar con nadie, ni, aunque sea el jefe.

Algunas personas llaman a esos momentos, el momento todas las mañanas antes del café, sí, ese momento justo después de despertarse, hasta medio día cuando van por la 5ta taza de café, antes de que haga efecto, no quieren saber nada de nadie.

Supongo que algunas personas, somos más difíciles que otras, y tenemos esos momentos en la vida, en los cuales no queremos hablar con nadie, sin importar lo cercana y chida que sea la relación con esa persona.
Digo, podría ser tu amigo del alma, tu hermano, tu alma gemela, Santa Claus, el genio de la lámpara que te quiere conceder 3 deseos, pero si te agarra en ese lapsus enfurecidus, lo vas a mandar por las cocas, y valiéndote gorro eso de los deseos.

Lo sé, esos momentos todos los experimentamos; esos en los cuales no quieres saber de nadie, por más chido que te caiga, y esos momentos son comprensibles cuando tú los vives, pero cuando te los hacen es así de “wey no la chingues, me vale madres tu lapsus, no seas ogt y háblame”.

Bueno, por lo menos así me siento yo, que realmente procuro ser tranquila, y suelo entender bien esos momentos (bueno, lo intento), porque yo los pasó seguido, pero en verdad, se vive diferente cuando eres tú quien anda a toda madre feliz, echando desmadre y tu amigo, simplemente te ignora.

Eso enchila, enfurece, y aplica perfecto de, me caías chido, ahora ya no, por esa razón ya no me hables nunca más tú a mi.

Ahora, yo sé que uno se puede poner digno cuando no eres tú que salió con ondas raras mamonas de no me hables, ese momento de la vida, es “priceless”, cuando no eres tú el elemento conflictivo de la ecuación; pero vaya que caga cuando te la aplican y de la nada te dejan de hablar, y bueno, lo entiendes cuando hiciste algo incorrecto, pero cuando es una pendejada mental/emotiva/personal de la otra persona, pues…

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