Madrugar: Cuando todos se quedan dormidos y tú te paras temprano

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Cada que me toca pararme temprano, o sea madrugar, siempre pienso en ese capítulo de Los Simpsons, cuando Bart y por resultado de una pesada broma, tiene que levantarse todos los días a una hora incomoda de la mañana, para irse a trabajar, a ser útil y hacer algo “emocionante” con su vida, día tras día, mañana tras mañana, mientras todos están dormidos, cuando no hay ni siquiera salchichas para comer y tu mamá no se quiere levantar parar a ayudarte, es más, ni el perro se mueve de su cama, todos, de verdad, todos están dormidos y tú te paras temprano.

Es como horrible, porque si por lo menos hubiera acción, hubiera vida a tu alrededor y todos se movieran en un estruendoso bullicio, pues como que te despabilas y tu cerebro entra en acción; pero si nadie se para, tú, tú solo puedes mirar al firmamento y odiar con todas tus esfuerzas toda tu vida. Sin importar que solo lo tengas que hacer una vez al año y tengas la mejor suerte de todas y la mejor vida que puedas tener, una que muchos envidian, eso no importa, si un día tienes que madrugar hay que maldecir a todos,.

Exactamente así me siento yo cuando tengo que madrugar, literal y metafóricamente, me siento en el borde de la cama, mirando al vacío, con una horrible quietud y pereza; como si fuera el preludio del fin, mientras intento que mi cerebro reaccione para comenzar mis actividades, lamentablemente va a pasar un buen rato en lo que comprendo y mastico lo que está pasando, me levante temprano, mientras todos en mi casa, todos están roncando, y ni siquiera el perro se quiere levantar.

¡Es horrible madrugar!, sin importar cuantos dichos populares fomenten el acto de madrugar, no importa, no creo que solo Dios ayude a los que madrugan, mmmmmm, no lo creo.

Así que en el momento en el que yo me tengo que parar mientras todos se quedan dormidos, ese es un horrible día en mi emocionante vida, que debo decir, si es emocionante y no lo digo como sarcasmo, realmente cada día hay algo más emocionante que el anterior, algo por lo que vale la pena pararse temprano y madrugar; la mala noticia es que en ese momento, en el que tengo que despertar para madrugar, por mi cabeza pasa de todo, desde no ir o presentarme, dejar que la alarma suene en 5 minutos o despertarme hasta que deje de tener sueño.

Lo malo es que mi yo responsable, como el de Bart, ese yo que funciona en modo zombie, me hace sentarme en la cama para hacer eso que tengo que hacer.

Así me siento yo, todos los días cuando tengo que despertarme, no a las 4am, pero cualquier hora que sea antes de las 8am, me parece resultado de una broma muy pesada, horrenda en la que yo soy parte, la parte afectada, no voy a estudiar astronomía ni nada parecido, pero el hecho de pararme cuando nadie lo ha hecho, me hace recordar a Bart con sus actividades emocionantes para madrugar.

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