Los presentimientos que tenemos

Seguramente te ha pasado que estás a punto de subirte a un transporte o entrar a una fiesta y, de la nada, una vocecita en tu cabeza te dice que mejor te des la vuelta. Esa sensación extraña en la panza no es hambre ni el picante de la cena de ayer, sino parte de esos presentimientos que tenemos que parecen sacados de una película de suspenso. A veces nos sentimos medio locos por hacerle caso a una corazonada sin tener pruebas científicas a la mano, pero la neta es que esa intuición funciona como un guardaespaldas invisible que nos avisa cuando el ambiente está pesado o cuando algo simplemente no cuadra. No se trata de ser paranoicos, sino de entender que nuestro cerebro procesa señales del entorno que a veces no vemos conscientemente, ahorrándonos un mal rato o hasta un susto mayor en la calle.

Por qué confiar en los presentimientos que tenemos

La vida diaria está llena de momentos donde el instinto toma el volante sin pedir permiso. Imagínate que vas caminando por la banqueta y, sin razón aparente, decides cambiarte de lado o decides no subirte a ese taxi que se veía medio sospechoso; luego te enteras de que algo pasó cerca de ahí y te sientes como un superhéroe con sentido arácnido. Los presentimientos que tenemos suelen activarse en situaciones tan comunes que a veces las ignoramos por pena o por no querer parecer exagerados ante los demás. Esos avisos mentales se manifiestan de formas muy claras si ponemos un poquito de atención a lo que sentimos en el pecho o en el estómago antes de tomar una decisión rápida:

  • Sentir que no debes ir a una reunión aunque ya estés en la puerta del lugar.
  • Esa corazonada de que dejaste algo abierto o encendido y resulta que tenías razón.
  • La mala vibra que te da una persona que acabas de conocer sin que haya dicho una sola palabra.
  • El impulso de revisar dos veces tu mochila porque sientes que algo se te olvidó, y efectivamente, ahí faltaban las llaves.

Hacerle caso a estas señales no te hace una persona supersticiosa, sino alguien que sabe escuchar su radar interno, ese mismo que nos ha mantenido a salvo desde hace siglos. A veces, el drama de los presentimientos que tenemos es que chocan con nuestro lado racional que nos pide ser lógicos y no dejarnos llevar por “tonterías”. Sin embargo, cuántas veces no has soltado la frase “yo sabía que esto iba a pasar” justo después de ignorar una corazonada que te gritaba que no hicieras algo. Esos pequeños avisos son como notificaciones del sistema que no debemos silenciar, porque aunque suenen a pura ocurrencia, tienen un fondo de protección muy real que nos ayuda a navegar el caos de la ciudad.

Llevar una vida conectada con nuestra intuición es una forma muy inteligente de movernos por el mundo sin tantas complicaciones innecesarias. No necesitas una bola de cristal para entender los presentimientos que tenemos, solo basta con dejar de sobrepensar tanto y darle el beneficio de la duda a esa inquietud que aparece de repente en medio de la rutina. Ya sea que te salven de una fiesta aburridísima, de un encuentro incómodo con tu ex o de algo más serio, estas señales son tus mejores aliadas en la jungla de asfalto. Confía en tu instinto, hazle caso a tu panza y, sobre todo, no ignores ese Pepe Grillo interno que siempre sabe un poquito más que tú sobre lo que te conviene en cada momento del día.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com