Los coquetos, expertos en el arte de seducir

Seguramente conoces a uno o, peor aún, tú eres esa persona. Hablamos de esos seres humanos que no pueden pedir un café sin que parezca que están filmando una película romántica de Hollywood. Ser parte del club de los coquetos es casi una condición genética: no es que quieran enamorar al mundo entero, es que simplemente no saben interactuar con la sociedad de otra manera. Su configuración de fábrica viene con exceso de carisma, pestañeo lento y una sonrisa capaz de derretir glaciares.

El gran dilema de esta especie es que su superpoder no tiene un botón de apagado. Van por la vida derrochando encanto sin filtro ni anestesia, lo que convierte cualquier trámite aburrido en el banco en una escena digna de una telenovela de horario estelar.

El peligro de la sonrisa magnética: De ligar en el bar a enamorar a la abuela

El verdadero problema de los coquetos profesionales es el daño colateral. Una persona normal sonríe para agradecer que le devolvieron el cambio; ellos sonríen como si te estuvieran prometiendo la luna, las estrellas y un viaje todo pagado a París. Esta intensidad desmedida provoca situaciones completamente absurdas en la vida cotidiana.

  • La conquista de la tercera edad: Es un hecho científico. Un coqueto indomable es capaz de seducir a las abuelitas de la fila del supermercado con solo mirarlas y preguntarles si el aguacate está maduro. En tres minutos, la señora ya le dio la receta secreta del flan y está pensando en heredarle la casa.
  • Confusión en el transporte público: Ceder el asiento no es un acto de caballerosidad para ellos, es un despliegue de seducción. Una mirada fija de dos segundos combinada con un “pase usted” puede hacer que un desconocido empiece a planear la boda en su mente.
  • Meseros que dan doble porción de papas: El encanto natural tiene sus ventajas materiales. Una sonrisa coqueta al pedir la cuenta suele traducirse en postres gratis o descuentos misteriosos que los mortales comunes jamás conseguiremos.

Anatomía de un seductor involuntario

Si quieres identificar si estás ante uno de estos especímenes (o si necesitas mirarte al espejo), existen ciertos patrones de comportamiento que los delatan de inmediato. La sutileza no es su fuerte, aunque ellos juren que actúan de la forma más natural posible.

El contacto visual de telenovela

Mientras que la gente normal mira al suelo o al celular para evitar interacciones incómodas, los coquetos te clavan la mirada como si estuvieran leyendo el fondo de tu alma. Sostienen el contacto visual un segundo más de lo socialmente aceptable, dejando a la otra persona flotando en un mar de dudas existenciales.

El lenguaje corporal exagerado

El uso de las manos, la inclinación de la cabeza hacia un lado y esa risa perfectamente modulada ante el chiste más malo del mundo. No lo pueden evitar, su cuerpo se mueve al ritmo de una música seductora que solo ellos pueden escuchar en su cabeza.

El exceso de halagos casuales

Tienen un radar experto para detectar el más mínimo cambio en los demás. Te van a decir que te queda increíble ese color de camisa o que tu nueva fragancia es espectacular, logrando que te sonrojes mientras ellos ya están pensando en qué van a cenar.

El alto precio de ser demasiado encantador

Aunque parezca una vida envidiable y llena de privilegios, la realidad es que el día a día de los coquetos está lleno de malentendidos incómodos. Vivir bajo el fuego cruzado del coqueteo constante implica que muchas personas confundan la amabilidad con una declaración formal de amor.

Tener que explicar que “solo estabas siendo agradable” después de haberle guiñado el ojo sin querer al panadero es una situación bastante recurrente y agotadora. Así que la próxima vez que sientas que alguien te está tirando la onda de forma descarada en la fila del camión, mantén la calma. Probablemente no seas tú, simplemente te topaste con uno de estos profesionales del encanto que no pueden evitar ser coquetos ni aunque su vida dependiera de ello.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com