Los contratos

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Pero qué carajos es un contrato y por qué tanta importancia en ellos, su cumplimiento y su ejecución. Y sí son tan PINCHE importantes porqué nunca fregados los leemos concienzudamente antes de firmarlos, pero aunque los leamos tres veces, somos bien consientes que no entendemos ni la tercera parte de lo que dice allí, yo creo que por eso no los leemos y simplemente firmamos donde dice “FIRME AQUÍ” bien grandote con un bonito pegoste de flecha. Deberían hacer lo mismo con las clausulas más importantes y tendrían que decir “LEA AQUÍ, ASUNTO IMPORTANTE” pero no son tontos, oh claro que no, mejor desvían nuestra atención de los asuntos importantes hacía cosas insignificantes.

Entonces porque no, mejor se los damos a nuestro abogado de cabecera para que los traduzca en español prosaico, que podamos entender de forma sencilla, sí lo sé, ¿Quién tiene un abogado que realice esta tarea común? ¿Porque nadie tiene abogado de cabecera y si un dentista?, la mejor pregunta que nos podemos hacer, es, si hay tanto abogado desempleado en México, porque es tan caro contratar sus servicios, porque no aplica la ley de la oferta y la demanda a esto ¿POR QUÉ?, ¿Qué lógica existe?

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Maldita, maldita sea, tener la asesoría de uno de estos monitos para que revise el contrato de cable ha de costar como $5,000.00 contra el costo del servicio que oscila entre los $150.00, chale, por eso todos firmamos a lo vil wey. Es más si quisiéramos la asesoría de un abogado para realizar un contrato de la venta de la tele usada o el arrendamiento de nuestros servicios para hacer la tarea de los demás, el profit se reduciría a CERO con un adeudo de $6,890.00, en vez de ganar $250.00 pesitos terminaríamos en números rojos y debiéndole a un embustero legal qué se conoce todas la artimañas legales para poner la balanza de un lado.

Sería genial aprender de leyes y sus términos legales para hacer fregadera y media a los demás con términos y condiciones que nos favorezcan, ¿no lo creen? De esa forma las negociaciones de salidas, diversión, entretenimiento con padres, parejas y hermanos se reducirían a simples argumentaciones legales que pongan la convivencia en orden, claro hay que estar abusados para que no nos salga el tiro por la culata y terminemos perdiendo por tecnicismos legales quien tiene el poder del control remoto.

Un contrato, es, un convenio que obliga a las partes involucradas en el cumplimiento de determinado acto, se dice que los contratos pueden ser orales o escritos, claro está un contrato oral no tiene mucha validez ya que se ampara a la buena fe de las personas y a los efectos que recordamos de estos, es decir, podría hacer un contrato verbal con mi hermano de quien sacara al perro por las noches y muy seguramente los términos en los que quede este convenio sean “ventajosos para mí”, lo cierto es qué, mi hermano accederá a mis peticiones porque sabe que al ser un acuerdo dicho, lo puede acomodar a su conveniencia a la hora de la ejecución y alegar que eso no fue dicho o acordado según lo recuerde él, es más podría tener testigos y el sobornarlos para decir lo que más le convenga y obligarme a pasear a nova durante 30 minutos en lugar de 5 que es lo que frecuentemente hago.

Por eso que nadie realiza contratos orales, porque no se respetan en lo más mínimo; y si ni mi hermano quiere apegarse a las clausulas como podría esperar que algún tercero cumpla sus lineamientos. Sería genial no lo creen, cuando te conviene claro está, el poder hacer contratos orales por todos lados para incumplirlos o cambiarlos a nuestra conveniencia. Por eso nadie pela lo dicho en una conversación y son los mejores testigos para su ejecución legal los papelitos firmados, llenos con miles y miles de clausulas y puntos que simplemente nos confunden.

Otra pregunta muy interesante respecto a este tema de los contratos, es que nunca los leemos, tal vez empezamos con la completa convicción de leernos, pero al contrario nos abrumamos con tantas letritas en tipografía 8 que nadie puede leer, lo más chistoso es que pretendemos que lo estamos leyendo y comprendiendo, hacemos cara intelectual, entrecerramos los ojos, hacemos muecas con la boca, pasamos de hoja a hoja, regresamos, tosemos, pero simplemente nos estamos haciendo wey y estamos buscando donde dice “firme aquí” sin leer la micro letra pequeña que dice “le está usted vendiendo su alma al diablo”.

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