De la venganza al slapstick: la extraña evolución de Liam Neeson
Todos recordamos el momento exacto en el que nuestras vidas cambiaron gracias a una llamada telefónica muy específica. No era una llamada de cobranza, ni de tu ex queriendo volver, era un padre con un set de “habilidades asesinas muy particulares”. Hubo una época en la que Liam Neeson era sinónimo de rudeza absoluta, el tipo que podía cruzar medio continente europeo rompiendo cuellos solo para recuperar a su hija. Sin embargo, si miramos la cartelera reciente, parece que ese tren de venganza ha ido perdiendo los frenos y ahora se descarrila directo hacia la comedia absurda.
Es fascinante ver cómo una carrera puede dar giros tan inesperados. Pasamos de ver a un actor nominado al Óscar por La lista de Schindler, a verlo convertido en el héroe de acción definitivo de la tercera edad, y ahora, aparentemente, en el sucesor espiritual de Leslie Nielsen. ¿En qué momento el hombre que entrenó a Batman decidió que lo suyo era el humor de pastelazo?
El auge del héroe de acción maduro
No se puede negar que Búsqueda implacable (Taken) redefinió el cine de acción moderno. De repente, ya no necesitabas tener veintitantos años y músculos inflados con esteroides para ser el protagonista que reparte justicia. Liam Neeson nos enseñó que la experiencia y una voz grave eran suficientes para intimidar a toda una red de tráfico de personas. Durante una década, cada enero o febrero teníamos garantizada una película donde él interpretaba a un hombre cansado, divorciado o viudo, que solo quería paz pero terminaba golpeando gente en un avión, en un tren o en la nieve.
La fórmula funcionó de maravilla por un tiempo. Era como esa comida reconfortante que sabes exactamente a qué sabe, pero igual la pides porque no falla. Pero como pasa con todo lo bueno, el exceso empalaga. Las tramas empezaron a volverse repetitivas y las “habilidades particulares” ya no sorprendían tanto cuando las veíamos por décima vez en una película con un título genérico que probablemente olvidaste al salir del cine.
Cuando la seriedad se convierte en parodia
El problema no es que un actor quiera diversificarse, el problema es cuando la audiencia ya no sabe si estás actuando en serio o si es una broma elaborada. Las últimas entregas de acción de Liam Neeson han rozado lo inverosímil, llegando a puntos donde las escenas de riesgo se sienten más cansadas que emocionantes. Es natural, el cuerpo humano tiene límites, y ver a un señor respetable corriendo detrás de villanos que podrían ser sus nietos empieza a perder credibilidad.
Y aquí es donde entra la noticia que a muchos nos dejó rascándonos la cabeza: su participación en el reboot de ¿Y dónde está el policía? (The Naked Gun). Pasar de ser el rostro del sufrimiento estoico a intentar llenar los zapatos del legendario Frank Drebin es, por decirlo suavemente, una apuesta arriesgada. ¿Es este el clavo final en el ataúd de su credibilidad como tipo duro o una genialidad incomprendida?
¿El ocaso de una leyenda o una reinvención necesaria?
Quizás estamos siendo demasiado duros. Tal vez Liam Neeson simplemente se aburrió de estar siempre enojado en pantalla. Hay que admitir que debe ser agotador mantener esa cara de pocos amigos durante 15 años seguidos. El salto a la comedia absurda podría ser su forma de decirnos: “Oigan, sé que esto es ridículo, así que vamos a reírnos juntos”. Leslie Nielsen también fue un actor dramático serio antes de convertirse en el rey de la parodia, así que el precedente existe.
Sin embargo, no deja de sentirse como una bajada de categoría. Es como ver a tu banda de rock favorita terminar tocando covers en bodas. Queremos recordar al Liam que se enfrentaba a lobos con botellas rotas en las manos, no al que se tropieza con cáscaras de plátano (metafórica o literalmente). La industria del cine es implacable y el público tiene memoria corta. Si esta nueva etapa no funciona, corremos el riesgo de olvidar que alguna vez fue el Jedi más sabio o el líder revolucionario irlandés más apasionado.
Esperemos que, sea cual sea el resultado de estos nuevos proyectos, no terminemos deseando tener una máquina del tiempo para volver a la época donde una simple amenaza telefónica era suficiente para mantenernos al borde del asiento. Por ahora, solo nos queda observar si esta leyenda del cine logra aterrizar este extraño avión o si se estrella cómicamente en el intento.