La peor canción del mundo – Un Carrusel de Niños

El otro día caminaba con la guardia baja, disfrutando de mi propia existencia, cuando de la nada mis oídos fueron asaltados por una melodía sospechosamente familiar y peligrosamente empalagosa. Esa tonada simplona que venía de lejos activó un recuerdo de guerra en mi cerebro: era el tema principal de aquella novela infantil de finales de los ochentas. Si ya tienes algunos ayeres encima o si te tocó sufrir el remake siendo millennial, sabes perfectamente de qué hablo; no te hagas el desentendido que aquí todos somos víctimas. Estamos hablando de esa producción que marcó infancia, ya sea con Ludwika Paleta en la versión original o con el elenco de la adaptación que, seamos honestos, dejó mucho que desear. Porque si nos ponemos críticos, parece que a los escritores de televisión se les secó el cerebro y ya no salen de refritos mal ejecutados, reciclando clásicos hasta el cansancio en lugar de contratar a verdaderos literatos que salven el género. Pero el problema real aquí no es la televisión, sino la música, o mejor dicho, ese intento de composición que algunos sádicos se atreven a reproducir en la vía pública.

La tortura auditiva de Un Carrusel de Niños

Es fascinante y aterrador pensar quién, en su sano juicio, consideraría esta pieza como una canción legítima para escuchar por gusto. De verdad, hay que tener un gusto muy particular —o muy estropeado— para darle play voluntariamente. Estamos ante una fuerte candidata a la peor canción del mundo, un título que durante años le perteneció indiscutiblemente a Rebecca Black y su infame Friday del 2011. En su momento, todos nos dimos gusto destrozando a la pobre chica por cantar obviedades como “ayer fue jueves, hoy es viernes”, pero al parecer nuestra memoria colectiva bloqueó convenientemente la existencia de Un Carrusel de Niños. Si ponemos las dos en una balanza, la obra de José Antonio Farías (el compositor de esta joya del terror) hace que Friday suene como una composición de Beethoven. Al menos la otra tenía ritmo, esta es un bucle de sufrimiento infantil.

Analizando la letra de Un Carrusel de Niños, uno se topa con metáforas que desafían toda lógica y sentido común. La canción insiste, con una tenacidad digna de estudio, que la vida es un carrusel. Perdón, pero no. La frase popular dice que la vida es una montaña rusa: subidas, bajadas, adrenalina y emociones fuertes. Un carrusel, por el contrario, es dar vueltas a lo tonto en el mismo lugar, viendo el mismo paisaje aburrido una y otra vez mientras estás montado en un caballo de plástico que no va a ninguna parte. ¿Ese es el mensaje que querían darnos? ¿Que la existencia es un ciclo monótono y mareador del que no puedes bajarte? Si lo piensas así, quizás sea más profunda y deprimente de lo que creíamos, pero lo más seguro es que simplemente rimaron palabras al azar porque sonaba bonito.

La estructura lírica es otro atentado a la inteligencia. Se repite hasta el cansancio: un carrusel de amor, un carrusel de ternura, un carrusel de ilusión. Es un loop infinito que dura más de tres minutos, taladrando el cerebro con una música sumamente básica. Como tema de introducción para una novela, cumple su función de avisarte que ya va a empezar el drama, pero como pieza musical independiente es un desastre. La próxima vez que quieras criticar una canción pop actual por ser repetitiva, recuerda que existe Un Carrusel de Niños y agradece que la música ha evolucionado un poco. Definitivamente, prefiero escuchar que hoy es viernes en inglés mal pronunciado que subirme a este caballo de madera musical que no tiene frenos ni dirección.

La tonada de la famosa novela infantil supera a Rebecca Black en lo absurdo. Analizamos con humor por qué el tema de Un Carrusel de Niños es una tortura.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com