La Moira una casa llena de fantasmas: mi aterradora experiencia en este lugar

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Antes de comenzar debo aclarar que mi visita a la Moira ya tiene más de 10 años y cada que la recuerdo me asusto y se me eriza la piel, tal vez, solo tal vez fue porque cuando la visite era una joven adolescente impresionable, pero estoy casi segura, que en ese lugar los muertos conviven con los vivos en cualquier momento.

Cómo se me ocurrió asistir a este lugar embrujado, pues como a todo adolescente se le ocurren la mayoría de sus ideas, pues obvio del periódico. En vísperas de Halloween y día de muertos, el periódico Reforma saco un reportaje sobre este lugar. Yo soy una gran curiosa del mundo de lo paranormal, sobre todo en mi pubertad, en este tiempo me dedique a leer todo tipo de información del tema, cada noche buscada en el cielo ovnis, ya saben cumplía con el perfil DE NIÑA RARA. Así que busque la forma de convencer a mi papá de que me pagara los $250.00 de la entrada para ir a verificar que efectivamente era una casa embrujada.

Mi papá siempre ha sido muy complaciente conmigo, pero convencerlo de que me diera dinero para que me asustaran lo que el suponía charlatanes, no se le hacía buena idea. Pero soy necia y creo que de alguna forma mi papá creyó que aprendería una lección. Obvio, no es un mal padre y convenció a la amiga de la familia (que en paz descanse) a acompañarme, porque el ni de chiste asistiría a este tipo de lugares. Así que me acompaño una prestigiosa medico militar especializada en siquiatría para ayudarme a controlar mis miedos y racionalizar al máximo la experiencia.

Lo que nadie sabia, ni ella, es que nos iban a dar el susto del siglo.

Para empezar el recorrido era el sábado en dos turnos o a las 9 o las 11, tú escogías cual te gustaba más. Lógicamente yo pensé que si iba a una casa embrujada en la noche, pues lo haría de la forma correcta y escogí el recorrido de las 11, para mi buena fortuna los boletos del recorrido de ese horario ya estaban agotados, pero bueno, no sonaba mal a las 9.

Y llego el día, un sábado normal estábamos en la oscura calle de José Vasconcelos a las 8:45 afuera de una casa morada, mi papá nos llevo y prometió recogernos a las 11.

Recuerdo que la Moira es una casa común y corriente como muchas de esta ciudad. Entramos por la puerta de lo que sería la cochera para esperar en un patio; el patio era muy angosto pero con mucha profundidad como suele verse muchos en las construcciones mexicanas. Recuerdo que había puestas a los lados de las paredes muchas sillas, tal vez unas 20 sillas de plástico blancas. No recuerdo con mucho detalle, era de noche y no había ninguna iluminación, bueno, eso es erróneo. Al final de este lúgubre patio se encontraba el marco de una puerta que era alumbrado por dos veladoras en cada esquina.

Ese día llegamos puntuales y fuimos las primeras, poco a poco el grupo se hacía más grande hasta llegar a un total de 6 personas; eran 2 estudiantes de Antropología de la UNAM un chico y una chica y dos jóvenes como de unos 20 años, curiosos cuyo morbo era el principal motor para visitar esta casa. Todos éramos exceptivos y estábamos incrédulos sin embargo en nuestros semblantes se podía percibir miedo y nerviosismo, una extraña combinación de emoción y miedo por lo desconocido.

En esa parte del recorrido nos atendió una chica delgada, algo alta de pelo rojo muy largo, recuerdo que su tez era blanca y tenía los labios pintados de negro intenso al igual que sus uñas, y para finalizar su atuendo portaba un largo vestido negro, supuse era el atuendo oficial del recorrido. Ella nos pidió que esperáramos sentados en las sillas y nos dio un papel blanco y un lápiz, ella no hablaba mucho era muy callada y reservada, pero nos pidió que escribiéramos en esa hoja una pregunta. Así que con la poca luz existente escribí mi pregunta ¿Cuál es el nombre? Esa era mi pregunta, lo sé, era y soy rara.

El silencio que reinaba nuestra improvisada sala de espera era incomodo, todos nos mirábamos pero nadie se atrevía a hablar, hasta que mi acompañante rompió el silencio para hablar sobre lo buen armado que estaba ese teatro, todos reímos, era una risa forzada pero funciono bien para calmar el nerviosismo grupal.

Después de una larga y desagradable espera, la chica de negro por fin iba a comenzar el recorrido de planta baja de la casa.

Ella intento abrir la puerta de entrada, pero la manija no giraba, recuerdo que alguien dijo que era parte del show con lo cual yo concorde, pero la casa, según esta chica no nos quería dejar entrar, simplemente no quería que entráramos. Poco a poco cambio el tono de voz de esta mujer y su semblanza paso de normal a asustada en unos instantes, CREO QUE A ESAS ALTURAS NO DEJABA DE REPETIR QUE LA CASA NO QUERÍA QUE ELLA ENTRARA. Pero lógicamente todos pensábamos que era parte de los diálogos y la actuación del día, claro, si querían asustarnos estaban comenzando bien.

La opción regresarnos el dinero o intentar entrar por la puerta del piso superior, pero en congruencia con lo que decía, ella no iba a entrar a la casa, sino el grupo solo. Formados en línea india estábamos la doctora, yo, la chica de la unam, su novio y al termino de esta fila los dos chicos que ya ni siquiera recuerdo sus rostros.

Caminamos por el interminable patio hasta encontrar una de esas viejas escaleras de hierro negro en forma de caracol, con paso rápido pero seguro todos subíamos estas escaleras para llegar al primer piso mientras se tambaleaban inseguras. Una vez estábamos todos en el balcón del segundo piso frente a una casa vacía, lo sé por que recuerdo que las ventanas permitían ver al interior una gran oscuridad y vacío donde no había nada.

Seguíamos formados en el mismo orden, para que se puedan imaginar la distribución del primer piso les pongo este pequeño grafico.

Estábamos formados frente a una puerta, la indicación de la tenebrosa mujer de abajo era golpear tres veces esa puerta, si la puerta se abría podíamos entrar, de lo contrario todos teníamos que salir inmediatamente. La doctora que lideraba el grupo toco tres veces la puerta, e inmediatamente se abrieron todas las puertas y ventanas de la casa, azotándose con mucha fuerza. Creo que era obvio, podíamos entrar, yo en ese momento no racionalizaba que todas las puertas y ventanas se avían azotado, mi amiga inmediatamente se puso a buscar algún mecanismo automatizado que hiciera esto para abrir las puertas, pero ella no encontró nada, solo una simple puerta normal con bisagras comunes y corrientes. Debo confesar que ella era la única del grupo que a ese punto seguía sin miedo y usando la parte racional de su cerebro para desenmascarar el teatro de este sensorama.

Todos los demás estábamos llenos de miedo, un miedo irracional, incluso los antropólogos que iban para analizar de una forma objetiva este espectáculo.

Una vez se abrieron todas las puertas, sale una figura que no podía distinguir, conforme se acerco era un hombre alto, como de un metro ochenta centímetros, muy corpulento, usaba una capa como la de un monje y su voz era gruesa demasiado y nos grito “por qué me interrumpen”

Se suponía, de acuerdo al esquema del recorrido que primero debíamos entrar por la planta baja, para que nos hablaran de la historia de la casa y su conexión con otro lugar energético en una vieja casona en el Desierto de los Leones, ahí conoceríamos a nuestro segundo guía que nos llevaría a la parte más importante del recorrido, yo desconocía que esa parte era una sesión de ouija con los espíritus de la casa y finalmente conocer el primer piso con esta persona.

Pero nos saltamos los pasos y fuimos directamente con el tipo que parecía monje, que según nos explico pertenecía o pertenece a la orden dorada, una especia de organización “mágica” que hacen o que practican, no tengo idea, hay cosas que es mejor desconocer.

El monje como todos le llamamos, después de gritarnos “por qué me interrumpen” y mirarnos de la forma más espeluznante posible, nos dijo “síganme y nos llevo por un pequeño pasillo a la “habitación 1”.

En esa habitación no había nada, más que un caldero arriba de una llama, creo que era llamas de fuego de leña, la verdad no me acuerdo, pero la iluminación de esa habitación era muy intensa. Pero lo más espantoso y mortificante de ese lugar no era el caldero o el monje que rezaba en otro idioma, no, eso no era nada, a mi lo que más me asusto fue el cráneo de un macho cabrío y un pentagrama invertido, eso si me asusto. Mientras este personaje gritaba cosas extrañas que yo no podía entender ni comprender, creo que en ese punto, mi cabeza estaba en un lugar seguro, mientras mi cuerpo estaba en un lugar tan horrible como ese. Es más en cierto punto cerré los ojos fuerte, muy fuerte y deje de escuchar aquello que para mi era profano y fuera de lugar.

No sé cuanto tiempo paso, no recuerdo si fue mucho o poco tiempo, pero de pronto mi amiga la doctora me toca los brazos y me dice que abra los ojos, lo peor había terminado o eso creía en ese momento. El monje seguía molesto porque lo interrumpimos a la mitad de algo, nos seguía recriminando y nos pidió que echáramos al fuego nuestros papeles, si el papel en donde habíamos escrito nuestra pregunta, yo no quería hacerlo, yo no quería echar a ese fuego algo mio, simplemente se me hacía una mala idea. Pero después de que el monje con una insistente mirada me forzó a hacerlo.

Todo sea por salir de esa habitación.

Después salimos por aquel pequeño y breve pasillo a la “habitación 2” donde el espíritu principal de la casa se había ahorcado, en el pequeño closet del rincón de la habitación. El monje insistía en que pasáramos a sentir su energía, su miedo y su desesperació;, yo era intrépida, pero ese día en ese lugar estaba en un miedo incontrolable, yo no pase, nadie quería pasar, hasta que la doctora quien seguía sorprendida pero no asustada paso a inspeccionar toda la habitación junto con ese personaje tétrico, la explicación que dio sobre esa parte de la casa fue breve, cubrió su cabeza con su capa y nos pidió que bajáramos por las escaleras.

La doctora iba agarrándole, literalmente, el cinturón de cuerda de su capa mientras bajábamos las escaleras, los demás íbamos muertos de miedo, menos ella, ella seguía buscando el truco, divertida escéptica y sorprendida. Al terminar de bajar las escaleras, el monje se quita la capa y era otra persona, un tipo alto de traje con barba de candado, muy, muy delgado. Como si fuera un gran espectáculo de magia.

Todos estábamos como en trance y nadie se dio cuenta de este cambio, excepto la doctora que se acercó al grupo de 5 cobardes y nos dijo, “yo venía atrás del tipo gordo y cuando se quito la capa ya era otra persona ¿cómo hicieron esto?” Yo no tengo la menor idea, pero ella se aseguro de estar atrás del monje en todo momento, y como se cambiaron ellos dos, nadie lo supo. Si fue un truco, fue uno bien armado.

Abajo el tipo de la barba de candado empezó a hablar nuevamente sobre la conexión entre esa casa y la del desierto de los leones, en cierto punto nos dijo que en un lugar especifico de la casa las energías eran muy presentes y se sentía como corría la energía. Agarro un foco, un foco normal de los viejos que tenia forma de bulbo, lo golpeo con las uñas de sus dedos para asegurarnos que estaba en buen estado. Coloco el foco en el punto energético y este imploto.

¿Sabes que es implotar?
Implotar es lo contrario a explotar, cuando un objeto explota este arroja pedazos de su estructura hacia fuera de si mismo. Pero este foco imploto y todos los pedazos de su estructura se fueron hacia el centro del objeto. ¿Cómo es posible que haya implotado el foco? No lo sé.

Terminado esa parte, el chico alto nos dijo quien quiere pasar a la sesión. Inmediatamente la chica de la unam dijo “yo no” y el la retiro de la casa, aparentemente si uno quería salir de ahí era con la guía de estas personas, solo no se podía ir uno. Y la doctora me dijo “Yesi, yo sé que te da curiosidad, pero quiero que pienses objetivamente y me digas en escala del 1 al 10, siendo 10 el mayor grado de miedo y 1 el menor, que nivel de miedo sentiste” en ese momento me puse a pensar en mi, en la experiencia, en todo lo que sentía y descubrí que mi miedo era 8, lo dije: tengo miedo nivel 8 y me dijo que era mejor que saliera. Cuando llego el tipo de la barba le dije que yo también quería salir y me acompaño hasta el patio, aquel patio que era el mejor lugar para estar en ese momento, sin importar que se vieran pasar sombras por el marco de la puerta que estaba al final del pasillo.

Mientras salíamos me pregunto aquel hombre “como te llamas” esa pregunta se me hizo rara pero le conteste “Yesica” nos quedamos callados y me saco de la casa. Estando afuera la chica que había salido antes que yo, impacientemente me pregunto si esta persona había contestado la pregunta que eche al fuego del piso superior, me quede pensando, analizando la pregunta que el me hizo “como te llamas” con la pregunta que yo había escrito en el papel antes de que se quemara “como se llama”. Curioso, a esa chica si le respondió con plena exactitud su pregunta.

Esperamos, esperamos y esperamos en el patio, solas hasta que llego el monje, y la chica delgada, ahí fue donde descubrí que era un miembro de la orden dorada, no era un tipo platicador, y no quería hablar mucho de su grupo mágico, pero teníamos que hacer tiempo mientras salían los demás de la sesión. En ese momento pregunte como se ponía el grupo de las 11, si todavía tenía curiosidad por el recorrido de las 12 de la noche y la chica contesto, “hace mucho tiempo no hacemos recorridos en ese horario, la casa no lo permite y no es seguro” ok, esto se pone bueno pense, sobre todo si recordaba que no me habían querido vender boletos, no por ese motivo sino porque estaba lleno. Mentiras, misterio y mucho espectáculo encierra la Moira.

No recuerdo cuanto tiempo paso, pero salieron todos muy pálidos, y la doctora solo quería salir de ahí. Mi papá estaba esperándonos afuera en el coche y mientras nos alejábamos ella nos contaba que en la sesión espiritista uno de los chicos se burlo de todo el espectáculo y súbitamente se empezaron a azotar los muebles, la mesa empezó a flotar los libros del lugar salían volando, contra ellos y no paraba, hasta que ella le dijo al chico que se rio de todo ese espectáculo, que fuera cierto o no lo que estaba pasando, todo eso empezó cuando él se rio que se disculpara para que terminará. Lo cual hizo, pasaron muchas cosas más, pero ella solo nos conto eso.
Pero yo no podía olvidar el asunto de la pregunta y el papel en el fuego, así que tuve que preguntarlo, “le contestaron su pregunta” y ella respondió que si.

La verdad es que si nos asustaron, no sabemos si fue realidad o un aparatoso espectáculo, pero ni ella ni yo hablábamos mucho de esa experiencia, a menos claro esta que nos preguntarán, y a la fecha esta es mi primera vez que hago una crónica tan detallada.

A la Moira es mejor no ir.

Y si a pesar de la historia y las advertencias para que no vayan no los desmotivan, pues pueden ir a visitar la casa, se dice que es un Sensorama y un lugar para el desarrollo de la expresión interior, con talleres, etc, etc

Puedes ir a visitar la casa y en una de esas ser testigo de lo paranormal. Pero si tu quieres que te den un recorrido como el mío, creo que te quedarás con las ganas, porqué por alguna extraña razón las visitas a media noche de los sábados fueron canceladas sin intenciones de reabrirse nunca jamás. Y no es una técnica mercadológica para generar interés, creo que si fuera así las visitas hubieran sido rehabiertas hace mucho tiempo, el sitio web divulgaría CASA CON FANTASMAS como su mayor atracción, pero no es así. Supongo que es porque esa casa tiene un oscuro secreto siniestro y malvado que vuelve locos a todos los que pasan mucho tiempo allí.

O tal vez si quieran extender el mito, ya que cada que llamas a la casa para pedir información sobre el sensorama o el oráculo de zandra te dan largas y largas y largas.

Centro Experimental de Cultura La Moira
Tel. 52-11-08-36
José Vasconcelos #125 Esq. Juan Escutia Col. San Miguel Chapultepec
México D.F.

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