La envidia mata

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Envidiar, desear o anhelar lo que los demás poseen es algo muy peligroso. La envida es capaz de corromper el alma más noble.

Y no estoy hablando de la mala película de Ben Stiller y Jack Black del 2004, yo estoy hablando de esa sabiduría popular que nos recuerda que la envidia corroe nuestra alma, nos daña y poco a poco nos envenena, maldita envidia, pero aun así a veces es inevitable experimentarla.
Eso es lo malo, a veces por más que deseas no sentirla o expresarla, simplemente no puedes hacerlo; es como los celos y por más que intentes disimular no se puede hacer, así mero pasa con la envidia.

Pero, ¿en realidad la envidia es tan mala?, supongo que aquí hay toda una disertación y existen niveles, como cuando hablamos de celos.

Los expertos en la mente han hecho todo tipo de análisis buscando una relación lógica entre estos sentimientos, pero siempre hay diferencias en opiniones y algunos dicen que es parte natural del ser humano eso de nunca conformarse con lo que se tiene y siempre anhelar lo que no tenemos. De hecho, sonará estúpido o irracional pero hay muchos dichos que apoyan a esta teoría y viejos proverbios populares también nos recuerdan “nadie sabe lo que tiene hasta que otra persona lo disfruta”

Pero la envidia va más allá, de anhelar lo que tienen las personas que nos rodean, digo, si simplemente fuera anhelar para mí lo mismo que poseen otras personas, eso despertaría el sentimiento natural de competitividad y por supuesto logro; sin embargo la envidia es un sentimiento poderoso, letal y sumamente toxico.

envidia. (Del lat. invidĭa). f. Tristeza o pesar del bien ajeno. || 2. Emulación, deseo de algo que no se posee. || comerse alguien de ~. fr. coloq. Estar enteramente poseído de ella.

Aun la definición del diccionario no es nada positiva, por eso siempre nos inculcan desde pequeños la importancia sobre reprimir estos sentimientos negativos, 100% humanos. Es más, hasta existen tips y todo tipo de sugerencias para descubrir y evitar a gente envidiosa, pero lo que nunca hemos analizado a fondo es que desde pequeños nos enseñaron a compararnos a competir y a siempre estar preocupados por lo que los demás tienen.

Así es, nuestro sistema siempre preocupado por las capacidades ajenas, los logros de los demás y por supuesto los bienes; entonces como se puede criticar tanto la envidia, si este sistema social está hecho para envidiar a todos de forma “saludable” y no saludable.

Hace poco me encontré con una reflexión del comediante Louis C.K. cuando una de sus hijas ficticias de su programa de televisión está molesta porque su hermana tiene más comida en su plato y él le responde que el único momento en el que tiene que mirar el plato de su vecino es para ver si tiene suficiente, no si tiene más, porque la vida es injusta y siempre será así.

Esa es la postura que deberíamos tener todos, en vez de concentrarnos en las cosas que si tienen los demás, deberíamos mejor preocuparnos en lo que no tienen para ver si los podemos ayudar, solo en ese momento dejaremos de experimentar la envidia.

Sin embargo por más que tratemos de racionalizar el tema, ser profundos y usar nuestra lógica, a veces simplemente la envidia es difícil erradicarla y siempre tendemos a compararnos, comparar lo que nosotros no tenemos y lo que los demás si tienen. Así últimamente me he puesto a pensar mucho en mi envidia, claro, soy humana y también la experimento y más cuando se trata de la chica súper buenota, de gran busto, súper trasero y cintura de avispa, cuando la veo, solo puedo sentir una profunda envidia, la misma que siento cuando veo relaciones de gran felicidad, gente casándose con relaciones estables.

Pero entonces trato de enfocarme en mi vida, en lo que si tengo, en las mil bendiciones que tengo para darme cuenta que no debo permitirme ni un solo minuto envidiar a nadie más, excepto a la chica súper buenota, ahí si es imposible no hacerlo.

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