La delgada línea entre amor y una orden de restricción

Parece que son cosas o mejor dicho, sentimientos muy opuestos, y es que, cómo alguien podría confundir el amor con la obsesión, en serio, ¿quién?, ¿cómo podría confundirse alguien tanto?, si claramente son conceptos muy opuestos, diferentes y apela el primero a sentimientos nobles y desinteresados, mientras que la segunda emoción es posesiva y mira a alguien como un algo.

Bien, y aunque parezca algo básico, algo de sentido común, es más, algo que un niño chiquillo sabe, realmente esta diferencia no es tan clara, o por lo menos, no es muy fácil diferenciar esas emociones cuando las estás viviendo, y esa línea que divide el amor de ser un stalker obsesivo, es una línea muy delgada, muy tenue que separa la cordura de la locura y diferencia los sentimientos de amar versus querer.

Al respecto del amor, de la obsesión e incluso de querer, puedes encontrar unas reflexiones bárbaras en el libro del Principito, cuando esté habla con su rosa:

“Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía… Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes”

Y es que entiendo lo que es amor y lo que no es, es cuando se puede entender dónde se encuentra esa tenue línea que separa lo noble, de lo egoísta.

El problema es que actualmente no nos detenemos a pensar en nuestras emociones y confundimos nuestros deseos con sentimientos; es entonces cuando estamos en camino al caos y dejamos de pensar en los sentimientos y las necesidades de la supuesta persona amada, para concentrarnos únicamente en lo que queremos, en lo que necesitamos y en lo que deseamos de esa persona.

Esa es la razón por la cual muchas personas, hombres y mujeres, terminan obsesionados con alguien en particular y lo que se suponía en un principio que era amor, idolatración o algo similar, se convierte en una enfermiza obsesión que asustaría a cualquiera y si en países latinos existiera el modelo jurídico de orden de restricción, créanme, ya habría muchos casos en los que se les prohíbe a personas que dejaron que su “amor” fuera más allá.

Puede sonar esto un poco polémico, de hecho, la teoría Dobler-Dhamer lo explica perfecto, y los actos locos de “amor” que hacemos, pueden ser algo que solo un stalker enfermo haría o el amor de tu vida, y todo eso depende del cristal con que se mire y las emociones que sienta por ti la otra persona.

Sin embargo, no estamos hablando de percepciones, sino de hechos y la delgada línea entre amor y una orden de restricción se encuentra en asustar a la otra persona o no, con nuestras acciones y la forma en la que nos relacionamos con ella.

Digo, si te la vives viendo su Facebook, checando sus actualizaciones, viendo sus tuits, checando sus fotos en Instagram, eso más que amor, eso es una obsesión, eso te convierte en su stalker y no en una persona que merece su amor.

El amor es diferente y muy opuesto, pero la línea que separa a esas emociones tan diferentes es muy delgada y depende de nosotros si pasamos del amor, al querer o a la obsesión.

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