La cultura del yo

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Una cultura que a todos nos gusta, una en la que podemos sumergirnos muy adentro y por mucho tiempo y sin darnos cuenta pasar una década pensando en nosotros mismos. Pero hacer esto es muy peligroso, ciertamente hace bien a la autoestima pero hace mucho daño a la realidad.

La cultura del yo, una cultura que aboga por una sola persona en este mundo, tú, osea YO.
De cierta forma el yo es exaltado a tal grado que la percepción de los demás es alterada increíblemente. Parece loco que una persona adulta pueda ser victima del YO ACRECENTADO, pero a todos nos pasa o nos paso en cierto punto de la vida, bueno, no a todos nos pasa pero es muy fácil caer en esa peligrosa trampa.

Le paso a Narciso, relata la mitología griega, un joven que murió por su belleza. En tiempos modernos parecería imposible morir buscando la belleza externa, pero sigue pasando, y lo más asombroso es que todo el mundo se olvido de la belleza interior, que existe el rumor que es la belleza más bonita, pero es solo un rumor.

La cultura del yo
Anteponer el yo ante todos; que levante la mano quien no lo haya hecho nunca. Bueno ciertamente la cultura del yo, en ciertos puntos de la vida te ayuda a sobresalir, a destacar, a brillar y sobre todo a evitar que los demás se aprovechen de ti, pero todo debe de estar en un justo equilibro en donde el yo no dañe a los demás.

Últimamente me he dado cuenta que esta terrible enfermedad mental se apodera un día a la vez un poco más de mi, y me doy cuenta que odio hablar de mi solo por hablar de mi, pero es que yo nunca fui la chica popular, ahora que lo soy tengo una especie de controversia interna.
En que punto hay que detener la cultura del yo para que no me afecte, pero dejarla ser para que me motive a conseguir grandes logros.

No, definitivamente LA CULTURA DEL YO esta mal, no todo es acerca de mí. Pero tengo que decirlo: soy una pinche narcisista, ególatra, ego maniaca, loca, pero ¿Quién no lo es?, además tengo otra confesión: que pinche cara tan bonita tengo.

Y sin embargo soy consciente que la belleza relativa que poseo no es lo que me hace destacar, sino mi capacidad de racionalizar y externar lo que pienso. También soy consciente que dejar que mi yo se acrecenté daña esa capacidad que tanto me asombra a mi, y aparentemente a ti.

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