Cuándo te encuentras idiotas everywhere
Hay días en que uno se levanta con la pila bien cargada, con el café humeante en la mano y una actitud que podría mover montañas. Y luego, antes de que siquiera puedas terminar tu primer sorbo de café, te topas con él o con ella. Ese personaje que, sin proponérselo (o quizás sí, uno nunca sabe), parece existir con el único propósito de ponerte a prueba, de agotar tu paciencia o de simplemente hacerte dudar de la bondad de la humanidad. Sí, esos momentos en los que sientes que hay idiotas everywhere. Es una sensación universal, una especie de “mal del puerco” mental que te ataca cuando menos lo esperas, y te deja preguntándote si el universo te está gastando una broma de mal gusto.
No estamos hablando de la gente con la que discrepas en gustos o la que tiene opiniones diferentes. No, nos referimos a ese tipo de persona que, con su peculiar manera de vivir y de interactuar con el mundo, parece diseñada para arruinarte el día. Puede ser desde el conductor que insiste en no usar las direccionales, hasta el que decide detenerse en medio del pasillo del supermercado para contestar una llamada en altavoz, como si el mundo girara a su alrededor. Es una constante batalla contra la lógica, la cortesía y, a veces, contra el sentido común. La verdad es que, a veces, la vida moderna se siente como un juego de esquivar a la gente que no entiende que hay más personas en el mundo.
El fenómeno de los idiotas everywhere
Imagínate esta escena: vas en el transporte público, escuchando tu música favorita, en tu mundo. De pronto, alguien decide que es el momento perfecto para ver un video con el volumen al máximo o, peor aún, para tener una conversación personal tan íntima que no sabes si reír o llorar. O qué tal el clásico de la fila, ese que llega y, mágicamente, se las arregla para adelantarse a todo el mundo, como si tuviera un pase VIP invisible. Es en esos momentos cuando uno se da cuenta de que los idiotas everywhere son una especie en expansión.
Y no se trata solo de la vida diaria en la calle o en el trabajo. A veces, la pantalla también se convierte en un campo minado. Las redes sociales, por ejemplo, pueden ser el lugar ideal para encontrar a esos personajes que comparten fake news sin verificar, que opinan sin leer o que simplemente buscan pleito por diversión. Es un ecosistema digital donde la paciencia se pone a prueba constantemente. Es como si la facilidad de la conexión amplificara la presencia de los que, digamos, no conectan del todo bien con los demás.
- En el tráfico: El que se te cierra sin avisar o el que usa el claxon como si fuera la banda sonora de su vida.
- En la tienda: La persona que ocupa todo el pasillo o el que cree que el cajero es su terapeuta personal.
- En línea: El opinólogo sin argumentos o el que confunde el teclado con una cancha de box.
- En el trabajo: El colega que se lleva el crédito de tus ideas o el que nunca cumple un plazo.
Así que sí, puede que no tengamos que ir muy lejos para encontrarnos con gente que nos saca de nuestras casillas. La realidad es que los idiotas everywhere son un recordatorio constante de que, aunque la tecnología avance y las ciudades crezcan, la convivencia humana sigue siendo un arte complejo y, a veces, frustrante. Lo importante no es evitar toparse con ellos (porque eso es casi imposible), sino aprender a lidiar con la situación con el mayor humor posible. Una buena carcajada interna es, muchas veces, la mejor herramienta para no dejar que el personaje del día te arruine el ánimo. Al final, estos encuentros, por molestos que sean, nos dan anécdotas divertidas para contar y nos hacen valorar aún más a la gente chida que nos rodea.
