¿Hemos conseguido llega a la interculturalidad?

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Si miramos unas décadas atrás, enseguida nos daremos cuenta de la drástica evolución que han sufrido nuestras relaciones personales. La tecnología ha sido sin duda alguna un fuerte catalizador para ello, ya que no sólo nos ha permitido estar más en contacto con nuestros seres queridos que viven en otras ciudades, sino conocer a personas al otro lado del charco de manera inmediata. Las cartas, que tardaban 3 semanas en ser entregadas, son cosa del pasado gracias a WhatsApp o el email, y por supuesto, a las videoconferencias.

El comercio, por su parte, también ha vivido una expansión gracias a la posibilidad de vender fácilmente más allá de las fronteras de nuestro país. Pero estas comunicaciones virtuales no son suficientes y, finalmente, gracias a un avance también en los medios de transporte, estas personas terminan por desvirtualizarse, ya sea para relaciones personales o comerciales,  viajando de unos países a otros y en muchas ocasiones estableciéndose en su nuevo destino.

El tejido social ha cambiado, y en cada país conviven diferentes culturas y costumbres. El objetivo siempre será llegar a la interculturalidad, estado en el que unas personas se relacionan con otras, enriqueciéndose y aportándose valores. Sin embargo, lo que nos encontramos en el momento inicial es la multiculturalidad, o lo que es lo mismo, fronteras invisibles entre unas y otras culturas dentro incluso de una misma ciudad.

Es curioso, sin embargo, que la mentalidad más abierta se siga viendo en el entorno virtual. En ambientes de gaming la nacionalidad no se tiene en cuenta; por ejemplo, en juegos por equipos que se constituyen no por proximidad geográfica sino por afinidad de filosofías del juego. Lo mismo sucede en competiciones de juegos o en entornos de casinos o loterías como Lotoland, en los que lo importante es el juego en sí.

Plataformas de contenidos como YouTube, Instagram o Snapchat han puesto en contacto a personas que no se conocían en absoluto simplemente gracias al etiquetado de contenido y la búsqueda de contenido similar basado propiamente en esas etiquetas, creando comunidades multiculturales, heterogéneas y sí, interculturales. Lo que nos queda, por tanto, es copiar este comportamiento cuando nos encontramos frente a frente con personas que pueden no parecer muy similares a nosotros pero que, de una u otra manera, son completamente afines.

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