Hay personas a las que les urge tener una relación

Seguramente conoces a alguien, o quizás eres tú esa persona, que actúa como si la soltería fuera una enfermedad terminal que necesita cura inmediata. Es fascinante observar cómo la vida de algunos parece estar en pausa, esperando que llegue ese ser mitológico llamado “media naranja” para darle play a la existencia. No salen de viaje porque “qué triste ir solo”, no van al cine porque “qué van a pensar los demás”, y básicamente respiran a medio pulmón hasta que alguien más respire a su lado. Es un fenómeno social digno de estudio, porque hay personas a las que les urge tener una relación con tal intensidad que pareciera que su acta de nacimiento tiene una fecha de caducidad si no encuentran con quién compartir la cuenta de Netflix antes de los treinta.

La presión social juega un papel fundamental en este drama moderno. Desde que tienes uso de razón, la tía metiche en las reuniones familiares te pregunta “¿y el novio?” o “¿y la novia?”, como si tu valor como ser humano dependiera exclusivamente de tu estado civil en Facebook. Esta insistencia constante crea una ansiedad colectiva, donde tener pareja se convierte en un requisito burocrático más que en una elección emocional. De pronto, estar con alguien, quien sea, se vuelve más importante que estar bien. Y ahí es donde empiezan los problemas, porque cuando la necesidad apremia, los estándares bajan más rápido que la batería del celular en un concierto.

Cuando la urgencia nubla el juicio

El verdadero peligro de esta desesperación es que convierte a cualquier sapo en príncipe azul ante ojos poco exigentes. Hay personas a las que les urge tener una relación y que, en su afán de llenar el vacío, terminan aceptando tratos y comportamientos que en su sano juicio jamás tolerarían. Es como ir al supermercado con hambre: terminas comprando puras porquerías que no necesitas solo porque tu estómago te está gritando. En el amor pasa igual, la urgencia te hace ver cualidades donde solo hay defectos y te convence de que esa persona que te deja en visto tres días seguidos es “misteriosa” en lugar de maleducada.

Además, esta obsesión por el emparejamiento nos roba la oportunidad de disfrutar nuestra propia compañía. Parece que nos da terror el silencio de nuestra propia casa o la idea de cenar solos en un restaurante. Pero la realidad es que no hay mejor momento para crecer que cuando no tienes que negociar qué película ver o qué comer. Sin embargo, para aquellos que sienten que el reloj biológico (o social) les está respirando en la nuca, la soledad se siente como un fracaso personal. Se pierden de vivir experiencias increíbles por estar escaneando el horizonte en busca de un potencial candidato, convirtiendo cada salida con amigos en una entrevista de trabajo camuflada para el puesto de “amor de mi vida”.

La validación a través del otro

En el fondo, todo se reduce a una búsqueda de validación externa. Creemos erróneamente que si alguien nos elige, entonces valemos la pena. Es triste ver cómo hay personas a las que les urge tener una relación simplemente para sentir que encajan en el molde de la sociedad exitosa. Subir la foto de las manos entrelazadas, el ramo de flores o la cena romántica se vuelve un trofeo, una prueba tangible ante el mundo de que son amables y deseables. Pero lo que no se ve en la foto es la ansiedad, el miedo a volver a estar solo y la falta de amor propio que muchas veces se esconde detrás de esa urgencia.

La ironía es que el amor, el de verdad, suele llegar cuando menos lo estás buscando con lupa. Aparece cuando estás ocupado viviendo tu vida, persiguiendo tus metas y disfrutando de tu propia plenitud. Pero claro, decirle esto a quien siente que se le va el tren es como hablarle a la pared. Al final del día, lo más saludable sería entender que hay personas a las que les urge tener una relación porque no han aprendido a ser felices consigo mismas, y ninguna pareja, por maravillosa que sea, puede llenar un hueco que solo uno mismo puede reparar. Así que, si estás en esa situación, respira profundo, cómprate ese boleto de avión y vete a disfrutar, que la vida es demasiado corta para esperarla sentado en el sofá.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com