Estamos a 3 pasos de ser felices

Seguro te ha pasado que sientes que la plenitud total está a la vuelta de la esquina, como si solo faltara un pequeño empujón para que todo encaje a la perfección. Vivimos en una pausa eterna, convencidos de que estamos a 3 pasos de ser felices, esperando que llegue ese aumento, que por fin baje la panza o que el amor de nuestra vida aparezca en el transporte público. Es una metáfora medio extraña sobre lo cerca que nos sentimos de la meta, pero que al mismo tiempo nos mantiene caminando como si estuviéramos en una caminadora de gimnasio: sudamos, nos esforzamos y avanzamos, pero seguimos exactamente en el mismo lugar. La neta, a veces nos volamos la barda pensando que la alegría es algo que se encuentra al final de un arcoíris y no algo que podemos disfrutar mientras nos echamos unos tacos en la esquina.

Esa idea de que siempre falta “algo” para estar completos es un mal que a todos nos pega por igual. Yo me consideraba una persona fuera de lo común, pero resulta que soy igualita a los demás, esperando un milagro que siempre parece estar a solo tres zancadas de distancia. Nos decimos a nosotros mismos que estamos a 3 pasos de ser felices, ya sea porque nos faltan cinco kilos para el peso ideal, porque estamos a nada de dejar de fumar o porque ese ascenso en la oficina ya casi cae. Lo irónico es que esa percepción de cercanía nos hace poner nuestra vida en pausa, como si no valiera la pena disfrutar el presente porque lo que viene “está mejor”. Es el clásico pensamiento de todo o nada, donde las victorias parciales no cuentan y solo el premio mayor nos dará permiso de sonreír.

Obstáculos reales cuando estamos a 3 pasos de ser felices

El problema de vivir bajo esta lógica es que esos peldaños metafóricos a veces son más largos que un lunes sin café. Aquí te cuento por qué nos quedamos atorados en esa sala de espera emocional y cómo se manifiesta ese sentimiento de estar a punto de lograrlo todo:

  • La ilusión del mañana: Siempre creemos que el próximo mes, año o ciclo será el definitivo, dejando el disfrute para un futuro que nunca termina de llegar.
  • La perfección inalcanzable: Sentimos que si no tenemos el paquete completo (dinero, salud y amor), no tenemos derecho a pasarla bien.
  • El efecto del Coronel: Nos pasa como en las novelas, esperando una carta con buenas noticias que siempre va a llegar mañana, pero ese mañana se estira por décadas.
  • El autoengaño: Decirnos que estamos a 3 pasos de ser felices nos sirve como excusa para no trabajar en nuestra satisfacción actual.

Ese es el verdadero meollo del asunto: cuando lo que buscamos parece estar a la mano, la espera se vuelve una tortura silenciosa. Es como cuando sueñas que corres pero no avanzas; por más que sientas que ya casi tocas la gloria, siempre aparecen otros tres escalones nuevos. Pausar nuestra tranquilidad esperando que las estrellas se alineen es uno de los errores más grandes que podemos cometer, porque la vida se nos va en puras promesas personales. Resulta que, sin importar cuánto camines, siempre habrá algo nuevo que te aleje de esa meta idealizada, y si no aprendes a reírte de tus propias tragedias ahora, no lo vas a hacer ni teniendo todo el oro del mundo.

Hay que aceptar que la felicidad constante es un cuento chino; no estamos diseñados para vivir en un estado de alegría perpetua. En lugar de correr como locos para llegar a un lugar que siempre se recorre unos metros más, lo más sabio es empezar a disfrutar el mugrero y las flores que hay en el camino. Ese pensamiento de que estamos a 3 pasos de ser felices puede ser una motivación, pero no debe ser una jaula. El todo o nada no funciona en la vida real porque los seres humanos somos expertos en encontrarle un pero a todo lo bueno que nos pasa.

Vale más la pena abrazar lo que tenemos hoy, así esté medio chueco o incompleto, porque la espera por la carta perfecta puede durar toda la vida. Deja de ponerle condiciones a tu bienestar y date cuenta de que el camino ya es la recompensa. Si sigues esperando a que todo sea perfecto para empezar a vivir, te vas a quedar sentado viendo cómo los demás aprovechan lo que tienen a la mano. La clave no es llegar, sino entender que ese “mañana” es hoy y que no necesitas dar ningún paso extra para permitirte un momento de paz en medio de tanto caos.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com