¿Está buena la película El Perro Samurái: La leyenda de Kakamucho?
Aceptar que un perrito puede convertirse en un guerrero de élite en un pueblo lleno de gatos que lo odian suena a la premisa más loca del año, pero es justo lo que necesitábamos para reírnos un buen rato. A veces solo queremos sentarnos con un bote gigante de palomitas y disfrutar de una historia que no se tome tan en serio a sí misma, pero que al mismo tiempo nos entregue una animación de primer nivel. La película El perro samurái logra ese equilibrio perfecto entre los chistes que solo los adultos entienden por su doble sentido sutil y las payasadas físicas que hacen que los niños se caigan del asiento de la risa. No es poca cosa lograr que un público tan diverso se mantenga entretenido durante toda la función sin estar revisando el reloj cada cinco minutos.
La trama nos lleva directo a Kakamucho, un lugar que de entrada ya tiene un nombre que nos saca una sonrisa. Ahí conocemos a un villano de lo más ocurrente, Ika Chu, un gato con ínfulas de grandeza que quiere desaparecer el pueblo porque le estorba la vista de su palacio. Su plan maestro consiste en enviar a un perrito despistado llamado Hank para que sea el guardián del lugar, sabiendo que los gatos locales lo van a recibir con las garras por fuera. Esta dinámica de “pelea de perros y gatos” se siente fresca gracias a que la película El perro samurái se burla de los clichés del cine de artes marciales mientras nos regala una ambientación japonesa muy colorida y llena de detalles que se ven increíbles en la pantalla grande.
Lo que hace especial a la película El perro samurái
Muchos podrían pensar que esta es solo otra versión de lo que ya vimos con el oso panda que sabía karate, pero la realidad es que tiene una personalidad muy propia. Mientras que en otras cintas el entrenamiento es místico y serio, aquí es un relajo total lleno de gags visuales y situaciones absurdas. El ritmo es tan acelerado que no te da tiempo de aburrirte; cuando no están en una persecución ninja, están lanzando un comentario mordaz que rompe la cuarta pared. Para disfrutarla al máximo, hay que poner atención a estos puntos que la hacen destacar entre otros estrenos:
- El humor para todos: Hay referencias a películas clásicas de samuráis que los papás van a disfrutar, mientras los más chicos se divierten con las caídas y las caras graciosas de los gatos.
- La estética visual: El pueblo de Kakamucho está diseñado con un estilo que mezcla lo tradicional con lo caricaturesco de forma muy atractiva.
- El doblaje: En nuestra región contamos con la voz de Juanpa Zurita, que le imprime esa energía joven y atolondrada al protagonista, aunque si tienes oportunidad de verla en su idioma original, escuchar a Samuel L. Jackson como mentor es una joya.
- El mensaje de inclusión: Debajo de todas las bromas, hay una historia bonita sobre cómo alguien que es diferente puede terminar siendo el héroe que todos necesitaban.
Ver cómo Hank intenta dominar la espada mientras sus maestros felinos lo ven con cara de fuchi es de lo más divertido de la temporada. La película El perro samurái no pretende inventar el hilo negro, pero sí nos ofrece una ejecución impecable de la comedia de enredos. El diseño de los personajes es muy tierno, especialmente esos gatos que parecen bolitas de algodón pero que tienen un carácter de los mil demonios. Esa mezcla de ternura con acción samurái es lo que hace que la experiencia sea tan redonda y que salgas de la sala con ganas de entrenar a tu propia mascota, aunque sepas que lo único que va a hacer es pedirte otro premio.
Es genial encontrar propuestas que se atrevan a ser así de irreverentes y que no tengan miedo de burlarse de las reglas del cine animado tradicional. La aventura de Hank por ganarse el respeto de un pueblo que no lo quiere es algo con lo que muchos nos podemos identificar, sobre todo cuando nos sentimos el bicho raro de la oficina o de la escuela. Al final, la película El perro samurái nos deja con un excelente sabor de boca porque cumple lo que promete: risas garantizadas, una animación que no le pide nada a las grandes productoras y una historia que, a pesar de sus locuras, tiene mucho corazón y sentido del humor.
Si estás buscando un pretexto para salir de la rutina y llevar a toda la familia a pasar un buen rato, esta es la opción ganadora. No todos los días vemos a un perro intentando ser un guerrero legendario en un mundo gobernado por felinos pretenciosos. Así que prepárate para una buena dosis de acción, chistes rápidos y mucha cultura japonesa adaptada a un estilo muy “guau” que te va a dejar con ganas de una segunda parte. Es, sin duda, una de esas cintas que te recuerdan por qué nos gusta tanto ir al cine a desconectarnos del mundo real por un par de horas.
