¿Está buena la película Casando a mi Ex?
Sentarse frente a la pantalla con una bolsa de palomitas y la esperanza de reírse un rato es un ritual sagrado que nadie debería tomarse a la ligera, pero a veces el destino nos juega chueco con estrenos que prometen mucho y dan muy poco. La película Casando a mi Ex llega con una premisa que, en papel, suena a la típica comedia de enredos que podrías disfrutar un domingo por la tarde, sin embargo, la realidad es que se siente más como un compromiso social al que vas por compromiso y terminas contando los minutos para salir corriendo. Es una verdadera pena que, teniendo ingredientes que podrían haber funcionado, la receta final se sienta tan desabrida y falta de sal.
Cuando una producción decide apostarle todo al carisma de sus protagonistas pero se olvida de contratar a alguien que escriba un guion con sentido, el resultado es un chasco monumental. En el caso de Casando a mi Ex, nos encontramos con una historia que parece haber sido armada con retazos de otras diez películas que ya vimos y que, para colmo, eran mejores. No hay nada de malo en usar fórmulas conocidas, el cine comercial vive de eso, pero el problema surge cuando se subestima a la audiencia entregando un producto que no tiene ni pies ni cabeza, donde las situaciones cómicas se sienten más forzadas que un zapato dos tallas más chico.
El talento desperdiciado en Casando a mi Ex
Lo que más coraje da es ver a gente con tanto oficio batallando para sacar a flote un barco que nació hundido. Memo Villegas, que es un genio para la comedia y tiene una capacidad de improvisación envidiable, aquí se nota amarrado de manos con diálogos que no le hacen justicia a su chispa natural. Es frustrante ver a un actor de su calibre tratando de rescatar escenas que no tienen salvación; su personaje en Casando a mi Ex se queda en una superficie muy plana, repitiendo muletillas y gestos que ya le conocemos pero que aquí no logran aterrizar. No es que él actúe mal, es que ni el mejor cocinero puede hacer un banquete si solo le dan ingredientes echados a perder.
Por otro lado, la dinámica entre los protagonistas es prácticamente inexistente y eso es un pecado mortal para una película que se supone trata sobre las cenizas que quedan donde hubo fuego. Se supone que debemos creer en ese conflicto amoroso, en la tensión de ver a una antigua pareja lidiando con el pasado, pero la química es tan nula que te daría lo mismo si se quedan juntos o si se mudan a planetas diferentes. El resto del elenco, incluyendo a figuras conocidas que suelen cumplir bien, terminan siendo simples adornos en una trama que no sabe hacia dónde va y que abusa de los estereotipos más gastados para intentar sacar una sonrisa que nunca llega.
Razones por las que esta historia no da una
Si nos ponemos técnicos y analizamos por qué esta producción se siente tan pesada a pesar de no ser muy larga, encontramos varios puntos clave que cualquier amante del buen cine notará de inmediato:
- Un guion de flojera: La trama es tan predecible que podrías adivinar el final desde que salen los créditos iniciales, lo que mata cualquier interés por seguir el hilo de la historia.
- Humor de pastelazo: En lugar de apostar por situaciones inteligentes o diálogos mordaces, recurren a la comedia física y a los malentendidos absurdos que ya no dan risa en pleno siglo veintiuno.
- Falta de alma: Se nota que es un producto hecho por encargo, diseñado para llenar un hueco en un catálogo digital sin ninguna intención de proponer algo nuevo o genuinamente divertido.
- Ritmo atropellado: Hay escenas que duran una eternidad y no aportan nada, mientras que los momentos que deberían tener peso emocional pasan volando sin dejar rastro.
Ahorrarse el tiempo de ver Casando a mi Ex es, posiblemente, la mejor recomendación que se puede hacer tras haber pasado por la experiencia de verla completa. No se trata de ser un crítico amargado, sino de exigir un mínimo de calidad en las historias que consumimos. Hay muchísimas opciones en las plataformas actuales que sí logran equilibrar el entretenimiento con una buena narrativa, por lo que conformarse con algo tan mediocre sería un error. La película se queda en ese limbo de las cosas que olvidas apenas apagas el televisor, demostrando que un título llamativo y un elenco conocido no son suficientes para sostener una película que carece de corazón y de una estructura sólida.
En lugar de darle play a esta propuesta, podrías aprovechar esas casi dos horas para buscar algún clásico o incluso una producción independiente que sí tenga algo que decir. La oferta de cine actual es inmensa y no hay necesidad de perder el tiempo con cintas que parecen hechas con el piloto automático encendido. Esta entrega pasará a la historia sin pena ni gloria, recordándonos que la comedia romántica necesita mucho más que bodas y ex novios para funcionar; necesita ingenio, verdad y, sobre todo, un respeto básico por la inteligencia de quien está sentado del otro lado de la pantalla.

