Ese lugar esta apartado por la coca

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Nunca les ha pasado que están viajando en el metro, de esos días que no va tan lleno, pero los asientos que están vacíos son contados y claro, como todos en esta ciudad vivimos en constante cansancio, necesitamos sentarnos en cualquier lugar disponible para descansar nuestras bellas posaderas.

Pues bien, el otro día iba en el metro, cuando subí no había nadie en él pero conforme pasaban las estaciones se fue llenando. Cuando uno viaja en el metro, es algo así como entrar a la dimensión desconocida, no, desconocida no, es como entrar en una dimensión en donde la flojera y cansancio son contagiosos, todos somos aletargados por una especie virus que te hace tener flojera, mientras te sumerges en tus pensamientos, bueno, eso solo pasa si agarras asiento. De lo contrario si vas parado, no más te andas cuidando de que no te torteen o te bolseen, pero si agarras lugar, ya fregaste y estas entrando a la tierra de Morfeo, un lugar donde los sueños son posibles o tus pensamientos más necios te atormentan; también claro está, existen las personas que literal se van a dormir al metro y terminan babeándote o recargándose en ti y por alguna extraña razón, por más que los muevas, les hables o intentes hacerlos reaccionar, no te pelan; pero como por arte de magia llegan a su estación y se despiertan inmediatamente como si nada se levantan, mientras a ti ya te dejaron lleno de baba.

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Viajar en el metro es toda una experiencia, y cada viaje es diferente, si bien hay algunos que son mejores, ciertamente viajar en horas pico es simplemente imposible.

Pero me estoy desviando, obvio, por el bien de la historia es para establecer el contexto. Y es que ese día, yo iba en la baba hasta que me di cuenta que junto a mi asiento, estaba un asiento libre, totalmente vacío, limpio, sin ningún desperfecto, lo único extraño es que estaba una botella de coca cola vacía y cerrada en él, como si estuviera apartando un lugar.

Hey todos en el vagón su atención por favor, ven ese único lugar vacío, pues olvídenlo ese lugar esta apartado por la coca cola vacía, Señora usted que anda cargando a su niño chiquito, no, ni lo piense, el lugar pertenece a la coca cola, el viejito de la esquina que trae una bolsa retacada de no sé qué cosa, ni lo piense usted no se puede sentar ahí, ninguno de los aquí cansados presentes puede intentar irrumpir el lugar de la coca cola, el cual aparentemente es sagrado por algún extraño hechizo que hace que nadie desee ocuparlo.

Ah sí, pero no fuera un vago dormido cuya pierna invade el otro asiento, porque entonces todos se enojan y tratan de despertarlo, SIN ÉXITO, para sentarse; pero si es una botella de coca cola vacía, olvídenlo imposible, abortar misión.

Y así pasaron y pasaron las estaciones, mientras se llenaba el vagón y nadie se atrevía a quitar esa pequeña e insignificante botella. Obvio, como termino la historia no lo sé, me baje en mi estación, pero no creo que haya cambiado mucho.

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