El español la segunda lengua más hablada del planeta

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Oh mi amor por el segundo idioma más popular del mundo no se limita a una simple pasión, tampoco se restringe a usar palabras domingueras para sentirme más intelectual de vez en cuando o pasar todo mi día, de todos los días, de toda mi vida, hablando, escribiendo, admirando y apreciando las palabras, oh no señor, mi amor por el español va mucho más allá, uno que abarca desde la redacción, hasta la gramática y también agrego de vez en cuando, al idioma, una que otra palabra, soy fanática de inventar palabras. Soy fanática del español, punto.

Estoy convencida que no existe otra mejor forma de comunicarme que con el español o el castellano, la lengua que compartimos muchos pueblos de noble espíritu en América Latina y por supuesto en España, oh dios, hablar de esa lengua romance me pone muy romántica y cursi.

Yo podría pasar todo mi tiempo sumergida entre caracteres, entre letras, pero no cualquier tipo de letras, yo me la vivo sumergida en el español la segunda lengua más hablada del planeta, un idioma perfecto, uno que tiene un gran significado y para una idea, un sentimiento, una expresión existen muchas palabras, todas para decir lo mismo pero con diferentes énfasis. Muchas veces he dicho que amo ser escritora, pero lo casi nunca digo, es que mi amor es por el español, este bello idioma que tiene una historia muy romántica, mmmmm, bueno, en realidad quería hacer un juego de palabras y decir que el español es derivado de las lenguas romances, como lo dije hace rato, una evolución que se dio con el paso del tiempo del latín vulgar para convertirse en muchos idiomas, entre ellos el español, el portugués, gallego, catalán, francés, italiano y muchos más.

Amo el español, tanto o más que cualquier otra cosa en este mundo, creo que mi pasión por este lenguaje es innegable, e irrefutable, tanto se conoce mi amor por el español, que últimamente muchas personas me escriben para compartir mi cariño por el idioma. Es más, recientemente me enviaron el discurso de John Banville, quien gano el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de este año, otro escritor que tiene un gran entusiasmo por escribir y por este bello idioma.

Discurso de premiación John Banville

Es un inmenso honor y un inmenso placer encontrarme hoy aquí, en el corazón del Principado de Asturias, para recibir este magnífico premio que agradezco sinceramente.
La invención más trascendental de la humanidad es la Palabra. Han existido grandes civilizaciones ignorantes del concepto de la rueda, pero poseían la palabra, pues sin ella no habrían sido ni grandes ni civilizadas. Con palabras anudadas pensamos, especulamos, calculamos, imaginamos.

Con frases declaramos nuestro amor, declaramos la guerra, prestamos juramento. Con frases afirmamos nuestro ser. Nuestras leyes están escritas con frases. No es desatinado afirmar que con frases está escrito nuestro mundo. Otros defenderán tesis distintas. El científico dirá que nuestro supremo logro como especie es la invención de las matemáticas. Y, ciertamente, el lenguaje de las matemáticas posee una sublime belleza. En su rigor radica su aliento. No obstante, el máximo aliento de la frase, y por ende del lenguaje, radica, precisa y gloriosamente, en su carencia de rigor. Por sencilla, directa y clara que sea una frase, siempre se revelará ambigua. Y la ambigüedad es la esencia de la vida.

El lenguaje de las frases abraza la realidad en un esfuerzo incesante por abarcarla, contenerla, expresarla. Vano esfuerzo, como debe ser. La esencia de la realidad se encuentra, esencialmente, fuera de nuestro alcance. No existe la cosa-en-sí: sólo existen las relaciones entre las cosas. Todo es contingencia. Como dijo bellamente Emerson: «Vivimos entre superficies y el verdadero arte de la vida consiste en deslizarse bien sobre ellas». Podemos pensar que el lenguaje no pinta nada, pero pinta hermosas realidades. Como escritores, afilamos nuestras frases para que alcancen el corazón de las cosas. Pero eso no sucederá, somos demasiado torpes. Sin embargo, perseveramos en nuestro intento de expresar la existencia, en nuestro intento de que quede expresada, en nuestro intento de expresarla con acierto. Nunca lo conseguiremos, pero como bien sabía mi compatriota Samuel Beckett, nuestra gloria estriba en persistir, desalentados, pero jamás vencidos. El esfuerzo no es vano, aunque cada punto final sea una admisión de fracaso.

Hablar es ser. Nadie lo ha expresado mejor que Rilke en las «Elegías de Duino»:
«¿Estamos acaso aquí para decir: casa, puente, fuente, puerta, vaso, árbol frutal, ventana, a lo sumo: columna, torre?… Mas para decirlo, comprende,
ay, para decirlo así como jamás las cosas mismas

creyeron ser en su intimidad».

He dedicado mi vida a batallar con las frases. No puedo imaginar existencia más privilegiada.

Un discurso que no puede ser más bello, porque con las palabras pintamos los más bellos cuadros, con mi amado español.

Adoro escribir, adoro el español, una lengua tan hermosa, solo piénsalo y en español podemos decir nuestros sentimientos de forma poética, mientras que otro idioma la brevedad y la sencillez son elementos básicos, no sé, en español podemos decir:

Te quiero, te amo, te adoro de maneras incontables

En otro idioma, por ejemplo ingles eso termina siendo:

I love you, i love you, i love you

El español o castellano, es en la actualidad la segunda lengua del mundo más hablada, después del chino mandarín, este es uno de los idiomas con más personas que poseen como lengua materna este idioma con casi 550 millones de personas con un dominio nativo del idioma. Lo extraño a nivel mundial, es que siendo el español el segundo idioma más hablado del mundo, nos comuniquemos en inglés, un idioma que se volvió obligatorio como forma de comunicación mundial.

Y sin importar que el español sea un idioma nativo de mundo, aun así tengo que aprender inglés, ese idioma que no me gusta, no conozco y me parece extraño.

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