El arte de hablar en Público

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En serio, esto es un arte…

Siempre he pensado que hablar en público tiene su chiste, ya sea una multitud de 3, 100 personas o cifras con más dígitos; no importa la cantidad, hablar frente a una audiencia requiere talento.

Dominar el arte de la oratoria es una destreza que requiere pasión, nervios de acero, convicción, fluidez, tener ángel y un montón de otras cosas que combinadas hacen a un persona tener poder de palabra, una que puede convencer a muchos para ponerse en acción, lograr una venta o generar un público.

Se requieren muchas características para pararse frente a un grupo de personas, algunos dirían coraje como el resumen ejecutivo, pero realmente son muchas cosas, no sólo valor, también cuenta el mensaje, obvio, pero principalmente paciencia y la experiencia también ayuda, aunque principalmente lo último.
Porque esta es una de esas disciplinas que tienes que hacer mucho, practicar, practicar, practicar y con una gran variedad de públicos para perder ese miedo escénico de estar al frente de muchas personas, para ser escuchado; ese miedo que evita que puedas transmitir una idea, un sentimiento, una noticia o una emoción.

Cuando estas frente a una audiencia, repito no importa si son 5 personas o 50, cada uno de esos rostros pueden atemorizar de maneras increíbles al orador, para olvidar lo que tenía que decir, tartamudear, sudar como regadera y un montón de cosas vergonzosas.
Bien, dirían por ahí, los que no saben, que los nervios sólo son provocados porque se desconoce un tema, pero ciertamente esa es la opinión de puros dogmáticos que claramente nunca han estado frente a una multitud, porque entonces sabrían que esas personas que están escuchando imponen, haciendo dudar o temblar a cualquiera, incluso el más preparado.

Y créeme, lo digo por experiencia, no ayuda imaginar desnuda a tu audiencia, porque punto número uno, para empezar, tener un nivel de imaginación así, en un momento en el que no te puedes concentrar por los nervios, créeme, no vas a imaginar desnudo a nadie y sólo vas a tener cara desconcertada y el hecho de pensar que probablemente estás haciendo el ridículo, hará que te mortifiques y cometas más errores, errores básicos como no poder hablar como ser humano inteligente, es más, que digo, no vas a poder ni hablar y terminas diciendo cosas así:

Yo Yesica, casa, salir, trabajo, ayuda.

Y no es falta de elocuencia, timidez o desconocimiento, hablar frente a un grupo de personas desconocidas, eso impone, un nuevo miedo en la escala de los miedos.

Históricamente la oratoria o la declamatoria es una técnica antigua, perfeccionada en los fines políticos y sociales, la propaganda de Hitler dejo una poderosa clase sobre el gran convencimiento que se tiene frente a una multitud cuando entonas de forma adecuada, hablas con convicción, sin nervios, con naturalidad y confianza, porque créeme, una multitud detecta el miedo de un ponente a 1km de distancia, porque no sólo el lenguaje corporal traicionando a una persona, sino que en la misma voz se nota el miedo, los nervios y la ansiedad. Un gran orador puede convencer a cualquiera de hacer cualquier cosa, pero un mal orador, esos son abucheados.

Y no importa cuánto hayas preparado el tema, cuanto hayas leído al respecto, cuando vas a presentarte frente a un grupo de personas, la clave para ocultar el miedo es la práctica, una que sólo sucede hablando frente a personas.

Que debo decir, carajo, me estoy superando, antes me daba miedo decir hola a una persona o el hecho de entablar una conversación me resultaba atemorizante, ahora, ahora mis miedos y nervios son con grupos de más de 35 personas o más, carajo, me voy superando.

Y tal vez sea a una escala menor, mucho menor, pero comprendo esa adrenalina de la que hablan los artistas cuando se presentan en público, ese miedo y nerviosismo siempre está ahí, esperando para traicionarte y hacerte hablar rápido, MUY RÁPIDO, tartamudear, trabarte, temblar o repetir las cosas que dijiste, pero ese miedo y esos nervios, debo decir que no se comparan con ninguna otra emoción en la vida.

Ese sentimiento se hace adictivo, claro, si no es que primero te da un paro cardíaco. Y no importa que tu audiencia haya estado en la baba, viendo su smartphone o platicando, el hecho de vencer un miedo así y estar de pie frente a un grupo de personas, tiene un efecto extraño en la mente.

Una combinación de miedos y nerviosismo, pero la pregunta de los 64,000 ¿cómo se domina ese miedo y no que el miedo te domine a ti?, algunos dicen que preparándose mucho y teniendo material de apoyo, otros dicen que para los nervios una copita, o hasta pasiflorina en te o pastillas, pero ciertamente si estas esperando que yo te de un tip mágico para no ponerte nervioso cuando hablas en público, no hay secreto, los nervios siempre están ahí, pero lo que puedes hacer es que mientras estás ahí, mientras hablas tonterías o grandes ideas, dejes que el tema te lleve y te concentres en lo importante, en lo que quieres decir, de esa manera te olvidarás de los nervios y sólo vas a hablar, hablar en público.

Aunque claro, hay técnicas como tener el cuerpo relajado, pararse seguro, usar todo el lenguaje corporal, mantener los brazos abiertos y dirigirse a todo el auditorio con voz clara y fuerte. Un tip que aprendí hace muchos años sobre hablar en público, aunque es ahora, recientemente que lo pongo en práctica, aprendí que un buen speaker se dirige a toda su audiencia, visualmente, tienes que mirar a todo el grupo.

Ahora en la actualidad hay muchas personas que se paran frente a grupos de forma académica hablando formativamente o con talleres, o hasta entretenimiento, pero ello no implica que sean buenos, una cosa es perder el miedo escénico y otra es tener algo interesante que decir y contarlo de forma interesante y para lograrlo hay que practicar.

Y ayer, ayer que hablaba frente a unos jóvenes universitarios del oficio de ser blogger descubrí que ese es mi más grande miedo, y mi siguiente reto. Porque a los miedos uno no les corre, uno los domina y descubrí que me gusta dar pláticas, no me gustaría ser académica, pero me parece un reto divertido de explorar dar pláticas, conferencias y talleres en mi área: contenidos, medios digitales, redes sociales y blogs.

Así que seguro, el 2015 será para mí un año para practicar el viejo y olvidado arte de hablar en público.

 

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