Dónde quedo la cortesía

¿Cortesía? Esa palabra suena como el nombre de un restaurante fifí o de alguna materia que te daban en la escuela de “antes”. ¿Será una idea pretenciosa, algo anticuado que ya nadie usa, o la pregunta correcta es dónde se fue y quién la practica?

A ver, no es que quiera dar clases de modales, pero para entender de qué va el asunto, hay que poner las cartas sobre la mesa. La cortesía, según el diccionario (y créanme, no es mi lectura favorita), es cualquier muestra de atención, respeto o afecto que le das a otra persona. O sea, es como decir “aquí estoy y te valoro”, con un detallito o una buena onda. Si lo vemos así, no es raro que ande medio perdida, ¿verdad? Y, la neta, me pregunto cuándo fue que empezó este relajo de ser desconsiderados con el prójimo.

¿De qué va eso de la cortesía?

En pocas palabras, la cortesía es la forma en que demuestras respeto y consideración. Pero parece que esa sencilla acción ha pasado a mejor vida. ¿En qué década se nos perdió? ¿Fue en los noventas, con el internet? O quizá un poco antes, cuando nuestras abuelitas nos contaban de esos tiempos lejanísimos en los que la gente se ayudaba en la calle, saludaba a los desconocidos y si alguien estornudaba, le decían “salud” sin chistar. Había caballeros que cedían el asiento, y el extraño era casi un invitado de honor. ¡Un sueño guajiro!

¿Será que nos hartamos de ser amables?

Hoy, la onda es otra. Vivimos en un mundo que a veces parece sacado de una película de acción, donde todos van a mil por hora. Entiendo que hay tranzas por todos lados y que uno no puede ir por la vida confiando a ciegas. ¿Será por eso que la cortesía se volvió una especie en extinción? ¿Que algunos se hartaron de que se pasaran de listos con ellos? ¿O que de plano tenemos demasiados rollos propios como para andar preocupándonos por los ajenos?

Si es así, la neta, no me late nada. Me niego a vivir en un lugar donde la buena onda sea un lujo. Yo seguiré dando las gracias, sonriendo y cediendo el paso, porque así se vive más chido. Y sí, si veo a alguien tirando mala vibra, chance y hasta le lanzo una mirada que dice “aguas, eh”.

Mi otra bronca es que esta falta de chispa la veo por todos lados, hasta en la familia. Mis sobrinos, por ejemplo, ya ni me pelan, nomás me echan una mirada de “qué me ves” y siguen en su rollo. Todos andan tan clavados en lo suyo, en ver qué sacan para ellos mismos, que la neta me da el bajón. Uno que es “old school”, piensa en uno, pero también le gusta echar la mano a los demás.

Mi día a día: un encuentro con la descortesía

El otro día, andando en el tianguis, bien emocionado porque encontré el puesto de chicharrones perfecto. Iba yo con mi bolsa de aguacates y mi vaso de agua fresca, feliz de la vida. De repente, al dar la vuelta en un pasillo apretado, pisé mal y mi vaso salió volando, regando todo el piso. No pasó a mayores, solo fue el oso y un charcote de jamaica. Mientras me agachaba a recoger los pedazos del vaso, esperando que alguien dijera un “permítame” o me ayudara a limpiar, la gente nomás me rodeaba como si yo fuera parte de la decoración. Algunos hasta me miraron con cara de “¡qué torpe!”, y siguieron su camino sin chistar. No había una pizca de cortesía en el ambiente.

Y ahí, en medio de la jamaica y el tráfago del tianguis, me quedé pensando. ¿Dónde quedó ese gesto de extender una mano, de preguntar si necesitas algo? Incluso, mi crush del puesto de las nieves, que pensé que éramos “cuates”, pasó por mi lado, vio el desastre, y nomás me dio una sonrisa incómoda y siguió atendiendo. ¡Ni un “ay, qué pena” ni nada!

Uno aprende un montón de esas experiencias, ¿sabes? Te das cuenta de la naturaleza de la gente. No es que me sienta el más traicionado de la vida, pero sí me hizo reflexionar sobre la amabilidad y hasta dónde conocemos a los demás. La moraleja es que, aunque a veces la gente ande en su mundo, uno siempre puede elegir ser chido. No para que te deban algo, sino porque la buena onda se siente mejor, ¿o no?

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com