Dejar ir las cosas

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El viejo y olvidado arte de dejar ir las cosas y fluir con el ambiente, parece que ya a nadie le importa o le interesa ponerlo en práctica; después de todo vivimos en un mundo intenso en el cual las fuertes emociones y su rush de energía es lo que nos mantienen en movimiento y adictos a la sensación de estar al límite.

Tal vez ahora es más importante sentir emociones intensas, que la paz emocional, esa está sobrevalorada.

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¿Será?

Siendo la vida tan fácil y simple, claro, en un mundo ideal en el cual no nos apegamos a nada, dejamos ir las cosas y se fluye con las situaciones; pero quien en su sano juicio querría hacerse la vida simple, cuando se puede estar todos los días en una loca carrera, y sentir que cada momento del día se está en una épica montaña rusa con subidas muy altas y bajadas muy vertiginosas.

Supongo que eso es más divertido, emocionante que tener una vida tranquila, sin emociones o alteraciones.

Tal vez esa sea la clave, nos hemos hecho adictos a la intensidad y a esa corriente eléctrica que carga nuestro cuerpo cuando una situación intensa explora en nuestra cara; tal vez sea eso y somos adictos a esas emociones, por eso nos aferramos a las cosas, por eso no dejamos ir las emociones y por eso nos apegamos tanto a algo.

Pero, quitando la emoción y adrenalina del momento, que pasaría si comenzáramos a dejar ir las cosas, ya sabes, hablo de forma literal y metafórica de todo y nada.

Me refiero a dejar ir aquellas cosas que no nos aportan, que no nos suman, a esas personas que terminan convirtiéndose en una carga, a esas emociones intensas que nos duelen y se convierten en algo que oxida y deteriora nuestra paciencia, me pregunto, ¿por qué no dejamos ir eso?, ¿por qué nos aferramos tanto?, ¿por qué nos apegamos?, ¿por qué?

Obvio, la vida sería más fácil y simple si nos soltáramos y dejáramos ir todos esos apegos, buenos o malos, sin importar su naturaleza, creo que los apegos solo nos frenan, nos limitan y nos inmovilizan.

Ahora, esto todo suena bien y perfecto en teoría, pero en la práctica resulta imposible dejar ir, LO QUE SEA, y a todos nos ha pasado, A TODOS, y podemos dar testimonio de que a veces, inclusive una solo idea, un pensamiento recurrente puede obsesionar nuestra mente encarcelándola en una idea, y si bien suena fácil, deja de pensarlo, deja ir ese pensamiento, hacerlo, es la cosa más dura e imposible de hacer.

Lo que es un enigma, es porque nos apegamos y nos aferramos a las cosas que nos hacen daño, ¿por qué?

Digo, una cosa es negarse a soltar algo valioso e importante, y no importa que sea una idea, sentimiento, objeto, persona, en fin, lo que sea, y entre más valor tenga para nosotros, más difícil será dejarlo ir; ahí entiendo que hay una lógica de valor y lo que perdemos nos motiva a aferrarnos, pero, qué pasa cuando lo que ganamos resulta que es una gran pérdida, porque cuando perdemos no dejamos ir las cosas.

¿por qué?

Creo que la clave para sobrevivir en este mundo extraño es desapegarse y dejar ir las cosas.

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