Cuento Porno

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Un cuento porno lleno de erotismo y seducción.

Aquella noche podía escuchar los latidos de su corazón latir frenéticamente, podía sentir el ritmo acelerado de su respiración y como recorría su sangre hirviente todo su cuerpo, podía ver a unos cuantos pasos su piel erizada, su clara y brillante piel empapada en una luminosa transparencia la hacía irradiar una mística luz. Como recuerdo aquel estremecedor jadeo que me hacía desearla con una furia infernal, pero a la vez ser delicado y tierno con esta preciosa criatura que estaba a mi merced. No puedo olvidar aquel embriagador aroma dulce, nunca he podido descifrar aquella alucinante mezcla de olores; ella era como mi droga personal, creaba en mí una fascinación que nunca jamás había sentido por nadie.

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Muchas veces evitaba mirar sus ojos de fuego, no porque me parecieran indignos; si no porque numerosas veces me perdí en ellos y esa noche no deseaba ser presa de esa cautivante mirada.

Describir aquella noche, esa noche llena de lujuria placeres carnales y hedonismo, hace que inmediatamente me condene al infierno llevándome al paraíso. Ella y su mundo de dicotomías me habían vuelto loco.

Pero porque recordarlo, porque atormentarme con mis más trastornados sueños, la respuesta es simple pero no por eso deja de ser compleja y es que no puedo sacar de mi mente aquellos firmes y hermosos pechos, sus frías y torneadas piernas se marcaron en todo mi cuerpo como llagas que aun me duelen.

Ella y sus juegos mentales, nunca se canso de ellos. Su mirada inocente me atormentaba y me hacía preguntarme una y otra vez ¿Qué estoy haciendo?

Aun recuerdo vividamente el momento en el que ella se acerco delicadamente y con un gesto tierno y delicado beso con paciencia todo mi rostro, como si lo estuviera memorizando con los labios. Oh, sus labios yo podría dedicarles una oda y dos poesías a esos labios carmín.

Su traviesa mirada buscaba una reacción impaciente para que la tomara y le arrancará la ropa, pero no lo hice; aun no he descifrado como es que me pude contener. Esta vez seria yo quien marcará el ritmo de la melodía, estaba completamente decidido a no sucumbir ante sus intenciones.

“Cierra los ojos” susurro con una voz ronca, seca y suave.

Ya no estaba pensando, solo me dejaba llevar. Sus heladas manos recorrían todo mi cuerpo, sus dedos trazaban caminos que nunca imagine que existiesen. Sentir su respiración en mi cuello era uno de mis grandes delirios, poco a poco se acerco hasta mi oído para morderlo amablemente, mientras ella seguía recorriendo mi cuerpo con sus manos. Una pequeña risa picara broto de sus boca cuando todavía era dueña de mi oído, me hizo estremecer cuando sus manos sin previo aviso se deslizaron por debajo del pantalón.

Ya no podía contenerme, mi respiración era muy brusca y rápida. Ella seguía conocía muy bien mi anatomía y sabía como hacer que mi cuerpo reaccionaria.

CONTINUARA….

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