Cuando no te invitan a la fiesta

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Cuando alguien no te invita a su fiesta, no importa que te valga madres eso que están haciendo, tampoco importa que la actividad que se lleve a cabo sea de tu desagrado total, tampoco interesa que la persona que realiza dicho evento social te caiga en la punta del hígado, nada de eso importa, cuando no te invitan a la fiesta entras en un momento de angustia, estrés, pánico y casi, casi, al borde de un colapso nervioso, solo porque no fuiste invitado.

Eso o también puedes reaccionar de la forma más patética posible, y terminas rogando que te inviten.
Oh sí, como recuerdo mis gloriosos años de la juventud en los cuales era super awkard y nadie me quería, pero ni por equivocación, en sus fiestas, eventos sociales, reuniones o lo que fuera; así que conozco bien ese estrés de no ser requerida en algo divertido.

Y no importa cuán maduro seas, el no ser invitado puede ocasionarte muchos estragos físicos, mentales y anímicos, de esas veces que terminas llorando bajo la cama, porque la persona más popular del lugar, te ignoro y evidencio frente a todos, que no estas invitado.

Tal vez, el efecto déjà vu, es lo que nos pone más dramáticos y en trance, porque recordamos de forma vivida nuestra horrible adolescencia, en la que era muy común no ser requerido en eventos sociales, bueno, por lo menos, ese era mi caso y si bien en aquellos años no era drama teen, ahora si me produce muchísima ansiedad el no recibir invitaciones, tal vez sea porque ya casi no me pasa, pero si me pasa, porque tal vez si me pasará más seguido como en aquellos años solo encogería de hombros en vez de querer llorar.

Porque de verdad que sí me angustio, me estreso y repaso mentalmente todo lo que sucedió en mi cabeza para no haber sido invitada a lo que sea, en serio, me pone mal, tanto que me puse a pensar:

“Wey, que pedo contigo Yesica, el que no te inviten al TweetRoom de los oscars, no es para tanto, no es el fin del mundo, no te vas a morir, y si algo tan pendejo te está cimbrando como para que por eso dudes de tu trabajo, de tus capacidades, pues la neta estas de hueva”

Qué bueno que mi voz interna es medio amarguetas y muy directa, porque justo cuando estoy a punto de paniquearme y llorar por todos lados en plan adolescente sufriendo porque no me invitaron, en ese momento recuerdo que no es el fin del mundo y esa no es, ni será la última vez que alguien no me invita a cualquier cosa.

La moraleja es, el que no te inviten a algún lado, ni siquiera cuando es obvio y evidente que fuiste la única persona en el mundo que no fue invitada, no es para tanto, no es la gran cosa, no es el fin del mundo, no te vas a morir y solo tienes que recordar, que esa será una de muchas invitaciones que no recibirás y no es para llorar, para lamentarte, ni obsesionarte con ello, simplemente es algo que paso y podrías pensar que fue lo que provoco no ser invitado/a, pero finalmente no te obsesiones con lo que no puedes controlar.

Cuando no te invitan a la fiesta, no es el fin de mundo.

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