Cuando siempre escoges el mismo lugar para tus citas

Seguro te ha pasado que ya te sabes el menú de memoria, sabes perfectamente cuál mesa cojea y hasta los empleados te saludan por tu nombre en esa cafetería de la esquina. No es porque seas el dueño o un crítico gastronómico muy exigente, sino porque ya se te hizo costumbre usar el mismo lugar para tus citas cada que sales con alguien nuevo. Es como si tuvieras un guion ensayado: pides lo mismo, te sientas donde mismo y haces los mismos chistes para romper el hielo. Al principio parece una movida maestra porque ya dominas el terreno y te sientes como pez en el agua, pero llega un punto en el que el personal del local te mira con cara de duda y es ahí donde tu plan infalible empieza a sentirse como un capítulo repetido de una serie que ya nadie quiere ver.

La neta, elegir el mismo lugar para tus citas tiene sus beneficios logísticos que nadie puede negar. Ya sabes que la comida está buena, que la música no está tan fuerte como para tener que gritar y que no te van a salir con una cuenta impagable que te deje sin la quincena. Es tu zona de seguridad, ese rincón del romance donde sientes que tienes el control total de la situación y nada puede salir mal. Pero el riesgo de quedar en ridículo es muy real; si vas tres veces por semana con una persona distinta, los meseros ya te tienen bien fichado. No hay nada más incómodo que el capitán de meseros llegue y te diga “qué milagro, lo de siempre para usted y su acompañante” mientras tu ligue te mira preguntándose cuánta gente ha pasado por esa misma silla antes que ella.

Señales de que ya necesitas cambiar de aires

A veces no es falta de creatividad, sino que simplemente te da flojera buscar opciones nuevas y arriesgarte a que el sitio esté de la patada. Cuando usas el mismo lugar para tus citas, te ahorras el estrés de no saber dónde está el baño o si aceptan todas las tarjetas de crédito. Te vuelves un experto en la iluminación del local y ya sabes exactamente a qué hora pega la luz para que te veas increíble sin mucho esfuerzo. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado de no parecer que estás aplicando una producción en serie con tus prospectos. Si ya sientes que te deberían dar una tarjeta de cliente frecuente por cada persona nueva que llevas a cenar, es una señal clarísima de que urge una renovación total de tu estrategia.

Si todavía no estás muy convencido de que necesitas variedad en tus salidas, checa estos puntos que delatan que ya te pasaste de lanza:

  • Los empleados ya saben que pides la hamburguesa sin cebolla y el agua de horchata con muchos hielos.
  • Te dan ganas de pedir un sello de descuento cada vez que llegas con alguien diferente de la mano.
  • Sientes nervios de que alguien conocido te vea ahí por cuarta vez en el mes con una pareja distinta.
  • Ya no necesitas ver la carta porque te sabes hasta los precios con todo e impuestos incluidos.

Romper el ciclo de escoger el mismo lugar para tus citas es vital para que la chispa no se sienta como un simple trámite administrativo. Salir de esa burbuja te obliga a estar más atento a la otra persona y no solo a lo que ya conoces del entorno. Además, te evitas la pena de que te confundan con un reclutador de una agencia de parejas por la cantidad de gente que desfila contigo por esa misma mesa de madera. Probar un restaurante nuevo o caminar por un parque diferente le da un toque de aventura a la salida y demuestra que de verdad le echaste un poquito de coco al plan, en lugar de irte por la vía fácil que ya te aburrió hasta a ti.

Se trata de que cada salida sea especial y no una calca exacta de la anterior. Si bien tener un sitio de confianza ayuda a calmar los nervios del primer encuentro, la verdadera magia está en descubrir rincones nuevos junto a alguien que te mueva el tapete. La próxima vez que sientas la tentación de ir a la segura, anímate a buscar un espacio diferente; tu reputación con los meseros y tu vida amorosa te lo van a agradecer un buen. El mundo es demasiado grande como para limitarse a cuatro paredes, por muy rico que esté el café o muy cómoda que sea la silla de ese rincón de siempre.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com