Cuando pareces piñata para la posada

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En esta temporada navideña se ven muchas piñatas de muchos colores, formas y hasta texturas, y si bien todo esto empezó como una tradición religiosa; creo que a todos nos gustó mucho esto de las piñatas, al grado que desde principios de diciembre muchos parecíamos piñata; es más, para estar acorde con la temática, los horribles suéteres navideños nos ayudan a parecer estas icónicas esferas a las que los niños quieren darles de golpes para recibir dulces.

Y tal vez sea bonita la onda navideña, el ponche, los dulces, turrón, comida, galletas y pasteles, pero nada se compara con la profundidad del momento cuando te das cuenta que pareces piñata para la posada; ese triste momento de revelación te da lucidez y te recuerda la importancia de cumplir tus propósitos, tus metas y sobre todo, la idea de que pareces piñata para la posada, es como un mensaje del cosmos que acabas de recibir para ya, de una buena vez ponerte a dieta.

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Ahora, hay un problema, un dilema moral que te dice, ya casi es Navidad, que voy a hacer con la comida que está dispuesta para mí, ¿cómo ponerme a dieta en plena navidad?, digo, si ya aguante todo el mes sufriendo mientras veía que agarraba forma, circular, pero finalmente forma; como tirar la toalla cuando ya estoy encaminada para ser la mejor piñata de diciembre.

Total, en enero me pongo a dieta.

Sí, esa soy yo, cuando estoy frente a la comida, y después de 4 horas de dieta en pleno diciembre, termino con monólogos al estilo el Gollum, este personaje de J. R. R. Tolkien, y para mi es algo así:

La comida es mala, oh no, la comida es buena, es mi preciosa comida, ES MÍA, no es mala, es mala, debo dejarla ir, no debo comerla, NOOOOOOO, es mi preciosa comida.

mi precioso

Bueno, tal vez escrito no sea nada gracioso, pero tengo una relación de pasión y odio con la comida, sobre todo cuando veo que se me acumula en la cintura y los muslos y en ese momento en el que los jeans me quedan justos o después de comer mucho me comienzan a apretar, en ese momento me veo al espejo y entiendo el sentimiento de cuando pareces piñata para la posada, por aquello de lo redondito, obvio.

Y luego de comerme los dulces o chocolates navideños, que en esta temporada inundaron mi escritorio; en seguida de eso termino con un grave problema de consciencia, ese arrepentimiento y cruda moral que da después de haber hecho algo muy malo.

Cuando pareces piñata para la posada

Tal vez este dilema parezca algo superficial, digo, aquellas personas que lloran porque en vez de estar súper buenas, solo están buenas, parece ridículo; pero cuando eres una persona normalita, tirándole a grandota corpulenta, unos kilos hacen la diferencia y cuando te dejas subir unos kilos, cuando menos te das cuenta ya son muchos y no unos cuantos.

Así que creo que el momento ideal para dejar de comer tanto, es cuando te das cuenta que pareces piñata para la posada. Para medir tu ingesta de dulces y galletas navideñas.

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