Yucatán es un estado del sureste mexicano que tiene una gran historia en su haber, no sólo es la cuna de la gran Cultura Maya, que aún se encuentra viva entre sus habitantes; también es la región donde cayó el meteorito que produjo la desaparición de los dinosaurios, dando origen al Cráter de Chicxulub y, además, fue un lugar clave en la historia de México.

Alrededor del año 1520, posterior a la llegada de los españoles a Yucatán y al no encontrar oro y plata como buscaban en la península, con las perspectivas de las nuevas concesiones de tierras y de la facilidad de obtención de mano de obra, comenzaron los primeros esfuerzos por establecerse en la región, dando pie así al origen de las haciendas.

Durante los primeros años de la época colonial, las ahora famosas haciendas, eran estancias asignadas a los encomenderos españoles. Estas estancias fueron creciendo en extensión y número, y se situaron en regiones cada vez más apartadas de las poblaciones importantes; pero su actividad primordial era la producción de ganado. Durante el siglo XIX muchas de las haciendas maicero-ganaderas, especialmente las de Mérida, se transformaron en henequeneras.

El henequén es una especie de planta del género de los agaves, que fue cultivada por los mayas en la época prehispánica, por la utilidad de sus fibras para la fabricación de sogas y cordeles, su producción y explotación fue tan fructífera que se convirtió en importante agroindustria ganando el nombre de “oro verde”. Los productos derivados del henequén comenzaron a venderse a lugares cada vez más lejanos hasta llegar a los mercados estadounidenses y europeos, lo que trajo consigo grandes riquezas a la región.

Esta planta generó un nuevo paisaje alrededor de los edificios de la hacienda, incluyendo las viviendas de los trabajadores. La casa principal expresaba la presencia del hacendado; la casa de máquinas, considerada como un verdadero templo o palacio del trabajo; contaban también con una iglesia o capilla como parte de la casa principal; las casas de los trabajadores, de mampostería y teja, ubicaban al peón en el nuevo mundo apropiado por el hacendado, que abarcaba todo el territorio visible.

Construidas entre los siglos XVII y XIX, las haciendas son consideradas tesoros arquitectónicos de Yucatán, gracias a que la gran mayoría de ellas conservan su arquitectura original, nos permiten viajar un poco por el tiempo y vivir en carne propia una experiencia única por el paso de la historia de la región.

Hacienda Yaxcopoil

Hacienda Yaxcopoil, que en maya significa “lugar de los álamos verdes” fue fundada en el siglo XVII, a poco más de 30 kilómetros de Mérida, en el municipio de Umán, la hacienda Yaxcopoil es de las haciendas más emblemáticas por su conservación, tamaño y ubicación justo en el centro del mundo maya. En su momento de mayor esplendor, la hacienda contaba con 11 mil hectáreas, posicionándose como una de las más grandes de Yucatán. Hoy en día, su extensión se vio reducida a menos del 3% de su antigua superficie.

La casa principal está compuesta de amplios salones, rodeada de numerosos y extensos jardines con una vegetación inigualable. La oficina aún conserva libros, documentos y gran información de la administración de la hacienda cuando seguía en operación. El oratorio está decorado con un óleo de la época colonial, en él se encuentra la imagen del santo patrono de la hacienda, San Gerónimo de Yaxcopoil. El comedor y cocina conservan sus muebles que reflejan la vida doméstica de la época y cuenta con piscina y vestidores, un tanque de riego y la noria con su motor original del siglo XX, que sigue operando extrayendo agua para su uso cotidiano. En uno de los salones llamado “Cuarto Maya” se puede encontrar un pequeño museo que reúne numerosas piezas y reliquias arqueológicas que se encontraron en las ruinas de Yaxcopoil, permitiéndonos conocer un poco más de la cultura maya y su historia. Su monumental arco doble morisco del periodo colonial abre las puertas a la finca henequenera más conocida de la región.

Hacienda San Ildelfonso Teya

Fundada en 1683, ubicada a unos 15 minutos de Mérida, Hacienda San Ildelfonso Teya inició como una hacienda agrícola y ganadera. A principios del siglo XX se posicionó como una de las haciendas más importantes en la industria henequenera.

En Teya se puede sentir la esencia del pasado que se respiran en sus instalaciones. Restaurada por Jorge Cárdenas Gutiérrez, emergió de las ruinas y volvió a la vida como uno de los recintos más espectaculares de la región. Posee uno de los restaurantes más importantes del estado con su emblemática comida tradicional yucateca, ubicado en la planta baja de la casa principal, opera hace 18 años y su sabor es un orgullo Yucateco.

Con la comodidad de sus amplios salones y hermosos jardines, Hacienda Teya es tan popular que son innumerables los eventos sociales que se han hecho gracias a su elegancia e historia.

La Hacienda Poxilá

Posee claros antecedentes de la época hacendaria donde se trabajaba en la ganadería y la maicena, fue rescatada en 1954 por Don Julio Laviada quien la restauró con un estilo colonial integrando con acierto, las ampliaciones del período henequenero. Conserva su cuarto de máquinas casi intacto, dejando detalles del tiempo que nos ayudan a imaginar cómo era la vida y el trabajo en la época colonial. En su interior, aún podemos encontrar cerca de 20 kilómetros de rieles casi intactos, donde se transportaba el henequén para ser trabajado. La casa principal mantiene casi todos sus muebles originales, con hermosos candiles y detalles enigmáticos; en el cuarto principal se puede ver una ampliación para la época henequenera; cuenta con una capilla privada y amplios jardines. Sin duda es una estancia llena de encanto y magia imperdible.

Hacienda Chenkú

Ubicada al Noroeste de Mérida, Hacienda Chenkú, conserva espaciosos interiores y una monumental arquería con un aire señorial sinigual. Su nombre viene de la lengua maya “Pozo de Dios” o “Pozo Sagrado”, y sus primeros registros datan de 1710, donde fue descrita como sitio poblado de ganado y colmenas, ahora es un recinto muy popular para llevar a cabo eventos de todo tipo. A pesar de los cambios y el paso del tiempo, y gracias a su restauración y mantenimiento, Chenkú conserva en perfecto estado la casa principal, el histórico cuarto de máquinas, su estanque y la chimenea, al igual que dos construcciones consideradas anexos que se piensa, fueron utilizados como bodegas. En la casa principal se puede apreciar su arquitectura colonial, con gran simetría y simplicidad detallada que la hacen llamativa al instante, con sus arcas imponentes en su fachada principal y posterior que son características de las antiguas haciendas henequeneras.

Hacienda Xcanatún

Convertida en la actualidad en uno de los hoteles más exclusivos de Yucatán, la Hacienda Xcanatún inicia su historia en el siglo XVIII. Levantada sobre las ruinas de asentamientos mayas precolombinos, los edificios tienen u diseño ecléctico mezclando su arquitectura original colonial con su restauración a principios del siglo XX. La palabra Xcanatún viene de la lengua maya y significa piedra alta o piedra en alto. Se ubica a sólo 5 minutos de Mérida.

Como otras haciendas de su tiempo, Xcanatún empezó siendo una hacienda con fines agrícolas y ganaderos, para posteriormente convertirse en henequenera a inicios del siglo XIX. Tras varios años en abandono y el paso del huracán Gilberto que dejó prácticamente en ruinas la hacienda, en 1993 fue adquirida por sus actuales dueños quienes la fueron restaurando durante 6 años cuidando el más mínimo detalle intentando rescatar su esencia y originalidad para convertirla en lo que es el día de hoy, una parada obligatoria para conocer la historia de Yucatán.

Como hoy la conocemos, La hacienda Xcanatun abre sus puertas en el año 2000 como un lujoso hotel y spa. Cuenta con 18 habitaciones exquisitamente decoradas para crear un ambiente único y de lujo, cada una con su propio jacuzzi, además de dos piscinas, paisajes, jardines y estanques, todo esto en dos hectáreas. Su restaurante, “Casa de Piedra”, es conocido por haber ganado varios premios, uno de ellos es el Star Diamond Award del American Society of Hospitality Services por cinco años. Su técnica francesa combinada con ingredientes de la región, hacen del restaurante una experiencia imperdible.

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