Cómo saber que tu amigo anda alcoholizado

Las noches de fiesta con los cuates son legendarias. Entre el ambiente, la música y las risas, todo fluye hasta que, de repente, notas algo distinto en uno de tus amigos. Esa chispa en los ojos se convierte en un brillo peculiar, y sus movimientos adquieren una gracia única, digna de un baile improvisado. Detectar cuándo un trago se volvió tres y esos tres se convirtieron en la caja entera es un arte. Prepárate para reír y para ser el héroe de la noche, porque aquí te presentamos las pistas más divertidas y clásicas para saber, sin lugar a dudas, que las copas han hecho su magia y tu amigo anda alcoholizado.

No es que lo quieras “balconear”, pero a veces es crucial identificar el momento preciso en que la diversión se transforma en una misión de rescate. No todos tienen la misma tolerancia, y algunos desarrollan un superpoder para disimular su estado hasta que es demasiado tarde. Sin embargo, los más observadores notarán esas pequeñas señales que gritan: “¡Ayuda, mi compa ya no carbura!”. Desde el manejo peculiar del celular hasta las declaraciones de amor eterno, el estado etílico tiene sus propios síntomas. Si buscas volverte un experto en el tema, estas observaciones te harán reír y te darán las herramientas para evitar futuras catástrofes.

El celular delata que las copas hicieron efecto

La tecnología, esa maravilla moderna, se convierte en el peor enemigo de aquel que ya no coordina. Uno de los primeros y más cómicos indicios de que tu amigo anda alcoholizado es su interacción con el teléfono. Lo ves frunciendo el ceño, intentando enfocar la pantalla con un ojo semi-cerrado, como si estuviera descifrando un jeroglífico ancestral. Pero el verdadero espectáculo comienza cuando intenta realizar una tarea sencilla, como llamar a un taxi o, peor aún, a su ex pareja.

El clásico es cuando, con toda la determinación del mundo, saca el celular, lo desbloquea y, en lugar de abrir la aplicación de transporte o el directorio, termina en la calculadora. Lo verás tecleando números furiosamente, a veces con la esperanza de que el 555-888 dé como resultado un teléfono al que marcar, o simplemente concentrado en una operación matemática compleja que no tiene sentido. Si al preguntarle qué hace, te responde que está esperando el tono de la calculadora o que “el teléfono ya no sirve”, la conclusión es clara: la noche ha avanzado demasiado para él. Otra variante es el intento fallido de desbloqueo facial, haciendo caras raras al celular antes de decidir que “está de malas”.

El amor incondicional y la generosidad sin límites

Existe una fase muy particular en la que la persona más reservada se transforma en un gurú del afecto. Si de la nada tu compa se te acerca, te mira con ojos vidriosos, te abraza con fuerza y te suelta un: “Te quiero un montón, güey, eres el mejor. ¡Nunca cambies, neta!”, es una señal inequívoca. Este nivel de efusividad desproporcionada indica que tu amigo anda alcoholizado y está en la fase de “amor incondicional”.

Esta etapa suele ir acompañada de una generosidad financiera que raya en lo absurdo. Es el momento en que se empeña en pagar la cuenta de toda la mesa, incluso si su cartera está más vacía que promesas de campaña, o insiste en invitarle tragos a la mesa de al lado “porque le cayeron bien”, aunque ni siquiera les ha dirigido la palabra. Aquí es donde debes activar tu modo de guardián de las finanzas y recordarle sutilmente que mañana podría arrepentirse al revisar su saldo bancario. No es raro que intente hacer tratos descabellados o prometa viajes a destinos exóticos que sabe perfectamente que no podrá cumplir.

La pérdida de la coordinación motora fina y gruesa

Aunque suene a cliché, el “baile del bamboleo” es el síntoma más evidente y a menudo el más divertido. No me refiero a un baile en la pista, sino a esa caminata errática hacia el baño. Si tu amigo necesita recargarse en cada silla, cada mesa y hasta en el aire para avanzar dos metros, es evidente que la gravedad ha decidido jugarle una mala pasada. Las leyes de la física parecen suspenderse para él.

La desaparición misteriosa de objetos también es un clásico. De repente, no encuentra sus llaves, su chamarra, o peor aún, el zapato que trae puesto. Lo ves buscando desesperadamente algo que ya tiene en la mano. “Oye, ¿has visto mi celular?”, te pregunta mientras lo sostiene en la oreja. Cuando tu amigo anda alcoholizado, el concepto de permanencia de los objetos se vuelve una idea abstracta. Puede que también intente realizar tareas simples con una destreza sorprendente, como subir escaleras con el equilibrio de un equilibrista de circo o intentar atrapar algo al vuelo fallando estrepitosamente.

El filósofo profundo y el políglota inesperado

Llega un punto en la noche donde el alcohol parece despertar áreas del cerebro que usualmente están inactivas. Si tu amigo empieza a discurrir sobre la naturaleza del universo, la política mundial o la paradoja del tiempo, todo esto con una seriedad pasmosa pero arrastrando las palabras, ya cruzó la línea. Se transforma en un “filósofo de banqueta”, compartiendo verdades que solo él comprende en ese instante.

Lo más divertido es cuando se siente en la plena confianza de dominar idiomas que nunca ha estudiado. De repente, intentará pedir la cuenta en un francés macarrónico o intentará conversar con el taquero en un inglés inventado. Él cree que está siendo el más cosmopolita del lugar, pero en realidad solo está balbuceando sonidos que solo él entiende. Escucharlo debatir con fervor sobre temas que desconoce por completo es la señal definitiva de que es hora de pedir el transporte y mandarlo a dormir. Cuidar a los amigos en este estado es un acto de nobleza que te dará anécdotas para reír por mucho tiempo.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com