Qué hacer cuando comienza el año

Cada vez que el calendario se da la vuelta y comienza el año, un ejército de propósitos invade nuestras mentes. Es el momento mágico donde la báscula es nuestra enemiga y el gimnasio, nuestro nuevo hogar espiritual. Nos prometemos que este sí, ahora sí, el inglés será nuestro segundo idioma, que los tacos darán paso a la ensalada, y que esa serie que nos consume dejará espacio para la meditación trascendental. La lista es tan larga como nuestra fe en la “nueva versión” que seremos en un par de semanas.

Las grandes promesas al iniciar un nuevo ciclo

La energía de un nuevo ciclo es embriagadora. Nos vemos ya luciendo esos músculos marcados, pidiendo nuestro café en un perfecto inglés neoyorquino, o presumiendo una tranquilidad zen que ni el tráfico de la ciudad podría perturbar. Es la temporada de:

  • Inscripciones al gimnasio: Que se pagan con entusiasmo, imaginando un cuerpo de portada.
  • Dietas “detox”: Que inician con jugos verdes y terminan con una orden doble de carnitas.
  • Apps de idiomas: Descargadas con la convicción de que, esta vez sí, el “oui” y el “ja” fluirán sin esfuerzo.
  • Libros de autoayuda: Comprados para sanar relaciones tóxicas y encontrar la felicidad eterna.
  • El último cigarro: Un juramento que se desvanece más rápido que el humo en el aire.

Creemos firmemente que somos la excepción, que nuestra voluntad es de acero y que este año será diferente. Sí, así nos engañamos, con la mejor de las intenciones, justo cuando comienza el año.

El peculiar giro del destino cuando comienza el año

Pero la vida, o quizás nuestra propia naturaleza, tiene un sentido del humor retorcido. Apenas han pasado un par de semanas desde que comienza el año y la realidad nos da un zape. El despertador que antes nos impulsaba al ejercicio ahora nos susurra que “cinco minutos más” no le hacen daño a nadie. Las verduras frescas terminan su vida en el fondo del refrigerador, mientras el antojo por una torta ahogada se vuelve incontrolable. El inglés de la app se limita a notificaciones que ignoramos con maestría, y esa relación “tóxica” que juramos cortar, parece haber encontrado una forma de volver a nuestro WhatsApp.

Dejar de fumar se convierte en una serie de “este es el último” que se multiplica exponencialmente a lo largo del día. La membresía del gimnasio se transforma en un costoso perchero para la ropa sucia, y la meditación se pospone indefinidamente por un maratón de series. Es como si la versión “ideal” de nosotros mismos decidiera tomarse unas vacaciones anticipadas, justo cuando comienza el año.

Una mirada divertida a nuestros “fracasos” anuales

No te preocupes, no estás solo en este ciclo de promesas rotas y risas internas. Es parte del encanto de ser humano. La presión de ser perfectos desde el primer día es agotadora. Tal vez el truco no sea una transformación radical, sino pequeñas concesiones con nosotros mismos. Reírnos de nuestras caídas, entender que la pizza es una forma de amor propio de vez en cuando, y que hablar inglés con acento mexicano es perfectamente aceptable.

Lo valioso de la esperanza que brota con cada enero no es la perfección de su cumplimiento, sino la oportunidad que nos damos de soñar, de imaginar una mejora. Y si no funcionó en enero, siempre podemos intentarlo en febrero, o el siguiente lunes, o la próxima vez que comienza el año. Al final, lo importante es seguir adelante, con una sonrisa, aceptando nuestras imperfecciones y disfrutando el viaje, con todo y sus dulces pecados.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com