¡Claro, como soy tan popular!

Qué onda con esa gente que llega de la nada y te pregunta por “tus amigas”, así en plural, como si uno fuera el alma de todas las fiestas y tuviera un séquito esperándolo a la vuelta de la esquina. La neta, me da mucha risa cuando asumen que mi vida social es una especie de serie de televisión donde siempre hay gente entrando y saliendo de mi casa. Me quedo pensando si de plano me ven cara de que organizo eventos masivos cada fin de semana o si solo es una forma muy sutil de recordarme que paso más tiempo hablando con mis plantas que con seres humanos. Obviamente, soy tan popular que mi agenda está saturada de compromisos sociales imaginarios, y claro, me sobran manos para contar a todas esas personas que supuestamente me acompañan a todos lados.

Mi enorme lista de amigos y el poder de convocatoria

A veces me dan ganas de seguirles el juego y decirles que sí, que mi grupo de amigos es tan grande que ya no cabemos en ningún restaurante. Pero la verdad es que mi gran poder de convocatoria se limita a mis perros y a cualquier gato de la colonia que se deje acariciar por un poco de comida. Si de plano necesito que alguien me acompañe a algún lado para no verme tan solo, tengo que aplicar la técnica milenaria de obligar a mi hermano a que me haga el paro, aunque tenga que arrastrarlo. Es increíble cómo la gente proyecta esa imagen de “chica súper social” en alguien que prefiere mil veces quedarse en pijama viendo películas. Pero bueno, supongo que es el precio de que todos piensen que soy tan popular y que mi vida es un constante “brunch” con celebridades locales.

Por qué todos creen que soy tan popular

Existe esta extraña idea de que si eres medianamente agradable o si subes una foto donde no te ves tan mal, automáticamente tienes mil amigos. En el mundo real, o al menos en el mío, la amistad es algo mucho más selecto y complicado de encontrar. A veces me pregunto si debería imprimir una lona gigante con gente aleatoria para ponerla detrás de mí en las videollamadas y que así sigan creyendo que tengo un ejército de seguidores reales. Me encanta que me recuerden que tengo “20 mil amigos”, como si fuera una cifra real y no un invento de alguien que no sabe lo que es ser introvertido. La realidad es que soy tan popular que mi celular solo suena cuando la compañía telefónica me quiere vender un plan nuevo o cuando mi mamá me pregunta si ya comí.

La odisea de encontrar amistades de verdad

Encontrar a un amigo que de verdad se rife por ti, que te regañe cuando la riegas y que te apoye en las buenas y en las malas es un relajo total. Es como una misión de película donde tienes que esquivar mil trampas para encontrar un tesoro escondido. La mayoría de la gente que conocemos son solo conocidos, personas con las que intercambias un par de palabras y ya, pero amigos de verdad hay muy pocos. No sé por qué les cuesta tanto entender que uno prefiere tener dos personas reales a su lado que un montón de gente que solo está para la foto del recuerdo. Aunque me sigan diciendo que soy tan popular, yo sé perfectamente quiénes son los que cuentan y con quiénes puedo ser yo mismo sin filtros ni poses raras.

Al final del día, lo que realmente importa es cómo te sientes tú con tu círculo, sea del tamaño que sea. No hay nada de malo en ser un “forever alone” por elección o simplemente porque no te gusta la gente falsa. Ser honesto con tu falta de popularidad es mucho más liberador que andar fingiendo que eres el más buscado de la ciudad. Prefiero mil veces mis tardes tranquilas que andar de “celestina” o fingiendo que me interesa la vida de quinientas personas. Así que, la próxima vez que alguien me pregunte por mis mil amigos, solo voy a sonreír y a pensar en lo chido que es no tener que cumplir con las expectativas de nadie más que las mías.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com