Caerse en la calle

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Si hay algo que es vergonzoso en este mundo es obvio caerse en la calle.
Aunque bueno, cosas que avergüenzan en sociedad hay muchas y debo decir con mucha vergüenza que yo me gradué con honores en muchas de ellas.

Si bien en la actualidad tengo cierto halo de glamour y seriedad que me hacen destacar, solo hace falta que abra la boca y diga alguna tontería o me pase algo chusco, como tirar todas mis cosas o caerme para rápidamente perder todo ese glamour y misterio.

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La buena noticia es que mi tribilinezca vida, ya no es como antes. Ah y por cierto la palabra tribilinezca viene de Tribilin, ese personaje de Disney que todo tiraba, y lo rompía en accidentes muy tontos.

Si, lamentablemente esa era yo, la tribilina del lugar, si no me caía, tiraba cosas; de tal manera que siempre hacia el ridículo y daba la nota graciosa de un lugar. Creo que esa era la única razón por la cual me invitaban a fiestas y eventos sociales, solo para reírse de mí y mis cosas y no conmigo. Pero esos son viejos traumas de mi infancia, adolescencia y juventud.

Ahora soy una persona con glamour y misterio y de mis viejos accidentes, caídas y torpezas ya no hay mucho rastro, más que algunos recuerdos y un montón de anécdotas que mi familia, principalmente que mi papa tiene para contar.

La buena noticia ahora que soy adulta, madura, responsable es que proyecto una imagen de mucha seriedad y confianza, ahora mis ridículas y vergüenzas sociales, se limitan a cuando estoy en fiesta, en contra de mi voluntad anti social y me veo obligada a interactuar, es decir, abrir la boca.

En esos momentos mi yo awkward hace de las suyas para hacerme pasar vergüenzas en público.

Ah y también mi mama, cuando cree que tengo 3 años y se pone a gritonearme con muchas groserías en público, seguro para ella es una especie de deja vú y nuevamente vuelvo a tener 3 años. Seguro es eso.

Así que ahora mis vergüenzas sociales solo se restringen a pocas interacciones, sin embargo siempre he creído que caerse en la calle es de esas cosas ultra vergonzosas que te pueden pasar.

Y te lo dice alguien que se caía todo el tiempo en la niñez, adolescencia, y juventud; siempre me estaba cayendo. A veces con estilo, a veces de sentón, pero la mayoría de las veces esto de caerse en la calle o mejor dicho caerme en público era algo gracioso. Supongo que mi onda tribilinezca hacia que caerme fuera una secuencia graciosa de desastres; tanto que la gente que me acompañaba ya solo lo hacía para reírse de mis caídas y no conmigo, sino de mí.

En fin, viejos traumas de la infancia y caerse en la calle

Pero el otro día que me caí en la calle de la manera más graciosa y aparatosa posible, además de dolorosa; me recordó de forma muy vivida la vergüenza de caerse en la calle.

Además, yo ya no estoy para caerme, ya mi montón de achaques, dolores de espalda, cintura, rodillas, tobillos y cuello; hacen que esas visitas ocasionales al suelo sean fatales.

Por cierto dicen por ahí que sabes que estás viejo cuando te caes y tus amigos en lugar de reírse se preocupan. Sin embargo en mi caso y aunque este vieja, sigo provocando risas cuando me caigo.
Aunque la buena noticia de mi última caída, esa aparatosa en la que quería saltar una barbita y termine estrellándome en un árbol y luego en el piso mientras mis lentes salían volando y las manos se clavaban en el lodo, en ese momento lo único que lastime fue mi ego, porque lo otros dolores y achaques se acomodaban. Resulta irónico pero a veces un golpe puede arreglar algo y así me paso, y solo se dañó mi ego con la vergüenza de caer en público.

Pero te ha pasado, ¿te has caído en la calle?, si bien puedes partirte la madre, además de un brazo, costillas y etc, etc, etc; lo que más te duele es la vergüenza que acabas de pasar.
Eso es lo que más sufres cuando te caes y tratas de levantar del piso, no tus cosas, sino tu dignidad y esperar que por favor nadie haya visto y que nadie te haya grabado.

Hablando de mi caída y mientras iba mi nariz directo al suelo, veía como un guapo y galante chico me veía caer al piso sin estilo y sin glamour y mientras yo estaba en el piso y veía como corría para ayudarme; solo podía pensar “que pendeja en caerme” y también la pena.

Y mientras el guapo y galante caballero quería ayudarme, salvarme y demás yo solo podía pensar que pena y entre más insistía para ayudarme a levantar, sentarme, pararme, platicar o lo que fuese, yo solo decía “estoy bien, estoy bien” y más que payasada, era la pena y el orgullo roto que me hacía reaccionar.

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