Cuando se burlan de ti por comer mucho
Estás en la mesa, disfrutando de tu tercer taco al pastor o de esa rebanada extra de pastel de chocolate, y de repente, escuchas el comentario. Esa vocecita que dice “¡Uy, qué tragón/a!” o “¿No te llenas, eh?”. Y aunque por dentro te dé un poco de coraje, por fuera le echas una risita nerviosa. Es la vida de quien tiene un apetito envidiable (o al menos así lo queremos ver). Porque, seamos honestos, que cuando se burlan de ti por comer mucho es un clásico que no falla.
Esas frases que nos hacen levantar la ceja
La gente, con su afán de opinar sobre todo, tiene un repertorio inmenso para cuando te ven con el tenedor en mano y la boca llena. Es como si llevaran un contador mental de tus bocados, o como si tu plato fuera de interés nacional. Algunas de las perlas más comunes que te sueltan son:
- “¿Te vas a comer eso tú solo/a?”
- “¡Parece que tienes un hoyo negro en el estómago!”
- “¡A este/a le ponen más que a los demás!”
- “¿Y a dónde se te va todo eso?”
Y uno, que solo quería disfrutar de su comida en paz, tiene que lidiar con el show mientras mastica con dignidad. Es casi una habilidad olímpica seguir comiendo como si nada mientras te sientes bajo los reflectores.
Cuando se burlan de ti por comer mucho: ¿es de a gratis o hay algo más?
Aquí la clave es entender el porqué de esos comentarios. A veces es pura envidia, porque ven tu capacidad de disfrutar y ellos se están aguantando la dieta. Otras veces, es un chismecito inocente, una forma de romper el hielo, aunque sea un poco incómoda para ti. Y claro, también están los que sí lo hacen con mala leche, intentando hacerte sentir mal por algo que, ¡chanfle!, es totalmente natural y placentero. Pero ¿sabes qué? Que te resbale. La comida es uno de los grandes placeres de la vida. Y cuando se burlan de ti por comer mucho, lo que están haciendo es opinar sobre tu felicidad culinaria, ¡y eso no se vale! Tu estómago es tuyo, tu gusto es tuyo, y punto.
El arte de responder con estilo (y seguir comiendo)
No hay que clavarse ni dejar que te arruinen el festín. Aquí te dejamos unas ideas para que las respuestas sean más sabrosas que el chismecito y te hagan lucir como un pro de la comilona:
- Con una sonrisa de oreja a oreja: “¡Y me falta el postre!”
- Con un toque de humor: “Es que esta comida está tan buena que no le puedo decir que no, ¡es casi un delito!”
- Con filosofía de vida: “La vida es muy corta para comer poquito, ¡hay que disfrutarla con todo!”
- Con una pregunta que los deja pensando: “¿Quieres un poco? ¡Hay para todos los gustos!” (así los callas o los invitas a ser cómplices de tu deleite).
Lo importante es que no te quiten el gusto por tu comida. Si se burlan de ti por comer mucho, déjalos con su envidia. Tú sigue disfrutando cada bocado como si fuera el último, porque la verdad es que estás haciendo algo que te gusta.
Al final, cada quien sabe qué le hace feliz. Y si para ti eso incluye un plato bien servido y una buena sobremesa, ¿quién para juzgar? Esas bromas, y el hecho de que se burlan de ti por comer mucho, son parte del folklore y nos recuerdan que estamos vivos y con buen diente. Así que la próxima vez que te pongan el ojo por lo mucho que comes, recuerda que estás viviendo la vida a tu manera. ¡Buen provecho!