Beneficios de entrenar en agua

Seguramente cuando piensas en meterte a la alberca te imaginas flotando en un inflable con forma de dona, disfrutando del sol y olvidándote de las deudas, o tal vez visualizas a ese grupo de señoras simpáticas con gorras de flores platicando animadamente mientras mueven los brazos de un lado a otro. Sin embargo, sumergirse tiene un lado mucho más intenso y efectivo que a menudo pasamos por alto. La realidad es que el medio acuático es un gimnasio gigante y despiadado, pero disfrazado de relajación; la resistencia del líquido es mucho mayor que la del aire, lo que significa que cada vez que mueves una pierna o un brazo, estás luchando contra una fuerza que quiere detenerte. Es como si estuvieras cargando pesas invisibles todo el tiempo, pero sin la tortura de sentir que te aplastan la columna vertebral.

Si eres de los que termina con las rodillas hechas polvo después de correr en el pavimento o simplemente odias la sensación de estar empapado en sudor pegajoso en una sala de pesas sin ventilación, darle una oportunidad a la idea de entrenar en agua podría ser tu salvación. Lo interesante aquí es que la temperatura del cuerpo se regula mejor, así que, aunque estés haciendo un esfuerzo monumental y tu corazón esté bombeando a todo lo que da, no sientes ese calor agobiante que te hace querer renunciar a la vida fitness a los diez minutos. Básicamente, puedes engañar a tu cerebro para que trabaje más duro sin que se dé cuenta de la paliza que le estás metiendo al cuerpo.

Por qué la magia de entrenar en agua transforma tu físico

Uno de los mitos más grandes es que para ver músculos definidos necesitas levantar hierros pesados y gritar como vikingo en cada repetición. La sorpresa es que el agua te ofrece una resistencia multidireccional. Esto quiere decir que no importa hacia dónde te muevas, siempre habrá algo oponiéndose a tu fuerza. Al realizar movimientos bajo la superficie, activas fibras musculares que ni sabías que existían porque el cuerpo tiene que estabilizarse constantemente para no perder el equilibrio con el oleaje que tú mismo provocas. Esa inestabilidad obliga a tu zona media, o core, a trabajar horas extras sin que tengas que hacer mil abdominales aburridas en el suelo.

Además, la enorme ventaja de entrenar en agua es que la gravedad deja de ser tu enemiga mortal. Al estar sumergido, tu cuerpo pesa mucho menos, lo que reduce el impacto en tus articulaciones casi a cero. Puedes saltar como si estuvieras en la luna, hacer sentadillas profundas o correr sin que tus meniscos pidan piedad al día siguiente. Esto es ideal no solo para quienes se están recuperando de alguna lesión, sino para cualquiera que quiera darle un descanso a su esqueleto tras años de maltrato en superficies duras. Es la forma perfecta de darle duro al ejercicio cardiovascular y de fuerza simultáneamente, logrando una recuperación activa que te deja listo para la siguiente batalla.

No podemos olvidar el factor de la quema calórica, que es el santo grial de muchos. El agua suele estar a una temperatura más baja que la de tu cuerpo, por lo que tu organismo tiene que gastar energía extra solo para mantenerte calientito, sumado al esfuerzo físico del movimiento. Es un dos por uno en gasto energético. Y aunque no lo creas, los resultados de entrenar en agua se notan rápido porque la presión hidrostática (la presión del agua contra tu cuerpo) ayuda a mejorar la circulación sanguínea y reduce la retención de líquidos, así que sales de la alberca sintiéndote menos hinchado y con las piernas más ligeras, listo para enfrentar el tráfico o lo que te depare el día.

Así que la próxima vez que veas una alberca, no la veas solo como un sitio para echar la flojera o para lucir el traje de baño nuevo. Velo como tu nuevo centro de alto rendimiento donde puedes sudar (aunque no se note), fortalecerte y salir con una sonrisa en lugar de una mueca de dolor. No necesitas ser un nadador olímpico para aprovecharlo; con caminar a buen ritmo, hacer saltos o usar esos famosos “popotes” de espuma para empujar el agua, tendrás una rutina retadora que sacudirá tu sistema y te dejará con unas agujetas ricas, de esas que te recuerdan que hiciste bien la chamba.

Bloguera de hueso colorado desde el 2008. Porqué siempre hay algo que decir yes@elblogdeyes.com