Balconeando gente

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Qué nos sucede amigos, que nos encanta andar balconeando gente, de verdad qué es lo que nos pasa cuando estamos frente a un jugoso chisme, qué es lo que le sucede a nuestra mente a nuestra calidad y dignidad humana que se reduce a frívolos y instintos primitivos que simplemente juzgan, ríen y se entretienen con los problemas y penurias ajenas.

En primer lugar por qué tendría que causarnos placer escuchar los asuntos amorosos de alguien más, sus problemas en el trabajo o los pleitos callejeros a los que se enfrenta cotidianamente; y lo segundo por qué nos importa lo que les suceda a estas personas, no nos pasó a nosotros no nos afecta ni nos quita el sueño. Creo que al contrario escuchar que alguien más está en apuros nos provoca relajamiento y reduce nuestros niveles de stress al mínimo, no sé, como si saber que alguien ésta peor que nosotros nos quitara un peso de encima y nos hiciera sentir mejor, este, mmmm.

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Será que los chismes son un mal necesario y nos ayudan a canalizar nuestras iras y frustraciones diarias al relajar mente y cuerpo con el simple hecho de escuchar historias ajenas, ¿será?

Nos sucede como una versión moderna de “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” cuyo tranquilo y apacible semblante cambia rápidamente para convertirse en un inimaginable e insaciable monstruo que no deja de buscar los trapitos sucios de los demás. En serio no bromeo, hombres y mujeres se transforman increíblemente, como camaleones chismosos ansiosos y entrometidos, y no para en querer conocer chismes de amigos y familiares, nuestras ganas de chisme nunca terminan y tenemos que leerlos en revistas, en internet y mirarlos por la tele. Las ganas de conocer chismes son tantas que hasta la vida de personalidades del medio artístico y los líderes de opinión nos importan y hasta influyen en nuestra vida diaria ¿qué?

De verdad no puedo comprender como es que a las personas les afecte la vida amorosa de Luis Miguel, las estúpidas declaraciones de Ninel Conde o la vida personal de Galilea Montijo, mira te compro la idea de chismorrear a gusto sobre la vida de alguien cercano, ósea, eso de llenarse la boca y opinar sobre la vida de alguien más, alguien que sí conoces es satisfactorio, eso de juzgar a los demás es divertido, pero opinar sobre la vida de los famosos es, cómo decirlo: irrelevante.

Lo admito si tu lo admites, me gustan los chismes, hasta son interesantes los chismes de personas que no conoces como el primo de un amigo si existente, y mucho mejor si es un chisme curioso, es más, en este momento tengo tres súper chismes buenísimos, obviamente tengo que ventilarlos por internet porque me pego con pura gente snob que dice jactarse por despreciar el mundano arte del chisme, así que como tú eres súper chismoso te los contare, no te interesan ni te importan pero como eres tan chismoso aquí te quedaras disfrutando de los chismes más superfluos de la semana.

Como si en verdad te importará que Ana, la pobre Ana está sufriendo de formas inimaginables que su ex y gran amor con el cual vivió cuatro años se caso con otra chica más guapa y más exitosa el sábado pasado, sí es feo, y se la ha de estar pasando mal. Tú y yo podríamos analizar toda la situación y si Julio empezó a andar con la ahora esposa cuando todavía estaba con Ana, concédelo ese chisme esta de novela chafa de televisa.

También podría interesarte el chisme de Abraham, la neta hablar de Abraham es de flojera, no, más bien hablar con Abraham es de flojera, puesto que solo tiene tres temas para hablar y todos se refieren a sus problemas con su mamá, con su novia que vive con él o con su irrelevante trabajo, pero no solo es molesto hablar con Abraham por parecer disco rayado, además es misógino como si fuera la cereza del pastel no puede HABLAR BIEN DE LAS MUJERES, si Abraham vive con su novia en casa de sus papás eso es un buen chisme si consideramos que ya tiene 28, creo, y se la pasa quejándose de ella, el chisme sería balconear todo lo que ha dicho éste of the record, pero para que hablamos de eso, no somos tan triviales como para hablar de los pedos de los demás que absolutamente a nadie le interesan.

Analizándolo bien no nos debería importar lo que les pasa a los demás, bueno, no debería importarnos con el afán chismoso que siempre nos hace entrometernos en la vida de los demás.
Si nos preocupáramos por su legitimo bienestar e intentáramos hacer algo por ellos, algo proactivo, entonces como que si valdría la pena escuchar de una tercera persona lo que le sucede a alguien más y claro está, para dejar d lado la etiqueta de “chisme” se debería corroborar con la fuente el problema, en vez de simplemente entrometernos, deberíamos ayudar a ese alguien con su problema o de plano no escuchar el chisme sobre ese alguien y mejor meternos en nuestros asuntos.

La verdad.

No te caga cuando eres el actor principal de un chisme, sea cierto o no, te caga que la gente opine sobre tu vida y hable a tus espaldas de tu vida, entonces por qué lo hacemos. Hay una gran moraleja atrás de este análisis no expuesta en este ensayo pero si sería bueno tener en mente que los chismes reducen la longevidad de nuestra vida, científicamente comprobado.

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