Aprendí a no hacer preguntas

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Siempre me enorgulleció mi naturaleza curiosa, con esa necesidad imperiosa que me impulsaba a preguntar, a cuestionar y a nunca renunciar a una pregunta, sin importa lo tonta que pareciera; ya que solía creer, que las personas que hacen muchas preguntas, obtienen sus respuestas.

Ya sabes, meras matemáticas, y si preguntas te contestan, algo así como ¿Cuánto es 1 + 1?, invariablemente vas a obtener una respuesta, ahora, entre mayor sea el grado de complejidad, abstracción o nivel de conocimiento que requiera la respuesta, es probable, como las matemáticas, (pura estadística y probabilidad) que no todas las respuestas que recibas, sean correctas.

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Pero así es la vida, y el margen de error que existe para todas las preguntas del mundo, es alto, y, además, no todo depende de la persona que contesta la pregunta, también hay un gran factor de error que se atribuye a hacer una pregunta errónea.

Esto lo sé, porque he pasado toda la vida haciendo preguntas, y nunca renunciaba a ellas, sin importar lo mal que quedará, lo hartadas que terminarán las personas de mí y me pregunta, yo sabía que preguntando encontraría la verdad, el conocimiento y eso que estaba buscando.

Y bueno, la verdad soy obsesiva y cuando algo se me mete a la cabeza, no renuncio a ello, algo así como cuando Bart preguntaba ¿dónde está mi elefante?

Sin embargo, la vida, los años, las experiencias y un montón de preguntas (muchas de ellas ridículas, lo admito) sin respuesta, me hizo descubrir, que a veces, simplemente no hay que preguntar.

Hace mucho tiempo aprendí a no preguntar

Suena ridículo, y dirían por ahí, que es más tonto no preguntar, pero a veces, descubres, en el proceso de vivir, que a veces es mejor no hacer preguntas.

Aprendí a no hacer preguntas

Primero que nada, porque a veces te conviene no saber, suena mal, pero este mundo está hecho, para que prescindas de cierta información. Digo, como los CEO´s de grandes empresas, cuando algo es legalmente incorrecto o está en un vacío, prefieren no saber y no preguntar qué está pasando.

Y esto de no saber, no solo aplica a grandes dueños de empresas, sino también a los simples morales comunes y corrientes, como tú y yo, y no hablo de vacíos legales sino más bien, hay veces que es mejor no indagar que es lo que sucede en nuestras relaciones.
A veces es mejor no preguntar ¿qué paso?, ¿qué hiciste?, ¿qué somos?, incluso nuestras mamás deberían de abstenerse de preguntar ¿qué rompiste?

Creo que hay cosas en esta vida, sobre todo las que son ridículas o errores, o errores ridículos, que es mejor no preguntar.

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