Siempre había tenido mis sospechas, ligeras, pero finalmente sospechas latentes de que soy antisocial, un ser huraño, arisco, extraño y con cero ganas de socializar con el mundo exterior.

Pero solo eran sospechas, que el día de ayer confirme.

Y todo esto nos regresa querido lector a muchos, pero muchos años atrás, cuando yo era una niña pequeña, y hasta mis años universitarios.

Una forma de ser que algunos considerarían como tímida, siempre enmarcaba mi carácter, una persona callada, seria, retraída y siempre analizando a todos en una habitación. Curiosamente para los de mi tipo, a huevo, somos un chingo de persona antisociales, cuando estamos reunidos en un grupo grande, y por grupo grande nos referimos a más de 3 personas, contándonos; cuando estamos con otras personas, nosotros analizamos, escuchamos, pensamos, pero sobre todo criticamos las sandeces dichas por los demás.

¿Nos creemos superiores?

Pues claro, mega obvio, jajajajajajaja, y de eso nos jactamos, de tener más coeficiente intelectual que las personas que hablan de chismes, de la novela de las 6 o cosas superficiales y vánales que degradan al espíritu y la mente. Escuchar tanta tontería y mantenernos al margen de ella nos hace sentir mejor de muchas maneras, principalmente porque no estamos contribuyendo a la degradación de la inteligencia colectiva. Eso nos hace sentir mejor.

Supongo que esa es la razón por la cual puedo estar en una sala llena de personas, atiborrada al tope de personas pretenciosas que fingen interés y agrado, mientras interactúan en ese bizarro juego social; mientras yo simplemente estoy callada, no en plan los odio a todos porque no me hablan, noooo, los de mi especie hemos desarrollado muchos talentos para evadir esas grandes multitudes de personas, y no en nuestros pensamientos, oh no, nuestra gran herramienta para aislarnos de la pendejez social es la tecnología, por medio de smartphones, dispositivos de música se pueden evadir esas conversaciones triviales en las que a nadie le importa nada, solo se trata de presumir y ostentar éxito.

El éxito parece definir todas nuestras relaciones y en la actualidad se trata de interactuar para escalar posiciones a través del éxito y cuanto escupido logro personal puedas usar para hacer quedar a los demás mal.

Esa es la razón por la cual me aparto y me mantengo al margen de todos, incluso en medio de una habitación con una cantidad extraordinaria de personas, tanto que eso se podría catalogar como romería.

¿De qué voy a hablar?, acaso ser parte de ese juego social en el que me mimetizo con todos, me visto como ellos y hablo de lo bueno que es el mundo, de lo bueno que es ser exitoso. ¿Acaso es la idea?, hacer que todos parezcan salidos de un molde, uno en donde se pretende ser algo que no se es, joven, rico, apuesto y cosmopolito; porque eso es lo deseable y a lo que todos aspiran.
Hablar del último viaje a Aspen, la gran promoción laboral o convencerte de comprar algo, hacer un negocio o que se yo.

Ah, el mundo de los pudientes de México, es tan superficial y aburrido como lo es el de la clase media, que únicamente vive para aparentar y aspirar a eso en lugar de vivir.

Creo que eso me hace muy ermitaña, confirmado soy antisocial y no me importa serlo, no me importa ser un adorno en la fiesta, no me importa protegerme en mi burbuja de cristal con mis smartphones, mientras sea yo misma y pueda ver que no soy una más, eso me hará saber que vale la pena.

Y si estás pensando, querido lector, que eso digo para curarme en salud porque soy una pinche friky antisocial incapaz de hacer amigos y con miedo a interactuar con el mundo. Querido lector no te engañes, soy capaz de saludar al mundo, hablar en público ante muchas personas, estar interactuando en grandes o pequeñas reuniones, puedo hacer nuevos amigos sin pensarlo, pero cuando se trata de formar parte de lo peor de nuestra sociedad, las apariencias, yo termino excluyéndome de forma voluntaria.

Es extraño pero puedo ser muy social cuando estoy con personas honestas, auténticas y únicas que tienen mucho que decir; pero cuando se trata de pose, apariencia o demostrar algo, normalmente yo paso sin ver. En esos momentos soy la más grande ermitaña, confirmado soy antisocial.

Pero cuando se trata de hacer amigos con cerebro, en esos momentos me quito el disfraz de antisocial y me visto de la persona más platicadora del mundo. Además, pasa algo gracioso cuando descubres que incluso en silencios puedes conversar con los demás.

No me importa ser antisocial en fiestas, reuniones de trabajo, compromisos sociales, noooo, siempre y cuando siga sintiéndome fiel a como pienso, quien soy, sin traicionar las cosas que creo.

Los de mi clase, mi raza, mi especie, mi grupo de antisociales sabrán de lo que hablo; el hecho de no formar parte de una conversación trivial que solo nos hace sentir fuera de lugar.

Los antisociales como yo, sabrán de lo que hago, es más, hay que organizar una reunión de antisociales, tal vez así podamos salir de nuestra burbujita protectora antipendejez para brillar en sociedad, una sociedad de antisociales.

antisocial

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3 COMMENTS

  1. Órale, había dejado de tomar en cuenta que la gente suele ser sumamente pendeja, ya me sentía culpable. Quizá tenga que buscar a más gente parecida porque ya me voy cansando de la misma gente, sinceramente.

  2. buscando por google encontré tu blog pensé que era la única que se sentía y estoy de acuerdo contigo en todo, he llegado a una etapa en mi vida en que no me importa lo que piensen de mi, siempre que me sienta bien conmigo misma y no tenga que cubrir las expectativas de los demás, aunque debo decir que es muy difícil lidiar con tu propia familia y sobretodo cuando quieren que vayas a una reunión social donde toda la familia se aparecerá y a una solo le apetece estar en completa paz y sin ese estrés de como debes ir vestida y que vas a hablar con tus parientes mas lejanos que de hecho se te acercaran para preguntarte como te va ?! ya me veo aburrida allí queriendo escaparme y salir corriendo y encima esperar horas para que termine todo ese ritual y solo por darle gusto a mis padres

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