Nada como un susto mañanero

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No hay nada tan vigorizante en esta vida como los sustos, ya sabes, esa sensación de pánico que da, como si se te fuera la vida, cuando un susto pasa. Como cuando metes la mano al pantalón buscando el celular y no está, porque lo traes en la otra mano por qué estás hablando por teléfono, eso me ha pasado y se siente muy feo, y luego muy vergonzoso, pero esas pequeñas cosas de la vida, te hacen sentir pleno, digo, vivo, quise decir vivo.

Ese tipo de sustos tontos e innecesarios te hacen sentir vivo y disfrutar de las pequeñeces de la vida.

Por eso creo que no hay nada mejor para la mañana, que un susto mañanero.

Bien, yo sé, hay cosas que son buenas y exquisitas cuando suceden por la mañana, como un buen desayuno, un rapidín mañanero, una buena taza de café humeante, en fin, hay muchas cosas mañaneras que son agradables y propias de la mañana.
Pero nada se compara con la emoción de un susto temprano en el día, ni siquiera un baño Zest te deja tan alerta, tan despierto y tan lleno de adrenalina para arrancar la mañana con mucha energía, que con un susto mañanero.

Y yo puedo dar testimonio de eso, y todos los días tardo varias horas en reaccionar, en despertar y cambiar del modo zombi a una persona irracional con la cual puedes conversar, y no me despierta un café, el desayuno o el baño matutino; nada funciona o eso creía, hasta que descubrí el placer y los beneficios de un susto mañanero.

Estos sustos nada tienen que ver con fantasmas o espantos, más bien están relacionados con las cosas que no tenemos o perdemos.

Eso fue lo que me sucedió el día de hoy, que desperté temprano por la mañana para hacer todo lo que tengo que hacer por la mañana, obvio en modo zombi, a veces cuando tengo que usar el cerebro, para escribir, por ejemplo, me cuesta mucho trabajo, porque aún sigue atorado en limbo de estar dormido y despierto.
Pero el día de hoy descubrí una manera sorprendentemente rápida para conectarme al 100 con el mundo y fue mediante un susto mañanero que me hizo ser víctima de una ola de adrenalina que me sigue recorriendo el cuerpo.

Nunca pensé que perder algo, me hiciera sentir así, pero cuando se habla de las llaves y que las perdí, cosa que, por cierto, solo me ha pasado dos veces en toda una vida, fue una especie de pánico que me hizo sentir viva, mientras movía de un lado a otro todo lo que estaba en mi paso, como si un tornado estuviera buscando sus llaves.

Estoy segura que en esa búsqueda implacable perdí otras cosas, que después voy a sufrir buscando.

Pero a diferencia de las demás cosas que pierdo, sin darme cuenta o intencionalmente, desde cosas a personas, cuando pierdo cualquier cosa, pasó de 5 a 10 minutos angustiada, pero luego se me pasa.

Sin embargo, cuando son mis llaves las que pierdo, no voy a para hasta encontrarlas, cueste lo que cueste, con ganas de decirle al universo.

No sé quién seas, pero te metiste con la persona equivocada

Lo bueno es que esta historia tiene un final feliz y una moraleja clara, las cosas están donde menos lo imaginas, en este caso en el escritorio de mi hermano, lo que me hace preguntarme ¿cómo carajos llegaron ahí?

Mi hermano jura que no fue, yo juro que no las puse ahí, acaso fue el fantasma de mi casa que siempre me está trolleando y me esconde las cosas, o ya me pasa como Homero y mi mente tiene algunas escenas pérdidas de lo que hice.

En fin, si quieres sentirte vivo, solo tienes que vivir un susto mañanero.

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