Nacidos en China de Disneynature presenta al público la exótica naturaleza salvaje de china en una nueva y original aventura cinematográfica

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Es una historia de grullas, pandas, antílopes, monos y leopardos de las nieves… para todos ellos China es su hogar.

Narrada por John Krasinski (13 Horas: Los soldados secretos de Bengasi, The Office, de NBC, Jack Ryan, de Amazon), la nueva película de aventuras de la vida real de Disneynature NACIDOS EN CHINA lleva al público a los rincones más salvajes de China, donde tres familias de animales nos muestran los momentos más íntimos y, a veces, los más desgarradores de sus vidas. El director y productor Lu Chuan (The Last Supper, Chronicles of the Ghostly Tribe) trae toda su experiencia cinematográfica a la película, dotando a las historias reales del mundo natural de un imponente estilo cinematográfico. “Al igual que con cualquier otra película, nuestro objetivo es contar una historia inspiradora ─cuenta el director─. Pero esta es especial, porque las vidas de estos animales salvajes no solo muestran el poder de la naturaleza, sino que son una fuente de orgullo para el pueblo de China”.

Para Lu Chuan, la majestuosa grulla de corona roja y el chirú complementan las historias de estas tres notables familias que incluyen a una protectora mamá panda y su cachorro, el solitario langur chato dorado y la esquiva leopardo de las nieves que lucha por criar a sus dos pequeñas crías.

El productor Brian Leith señala: “Estos animales son una parte inconfundible de China: un costado de este país que sencillamente no vemos. Lograr retratar a estos animales en la pantalla grande de esta manera es un logro increíble ya que son animales que habitan en zonas remotas y de difícil acceso. Rodar esta película fue un proyecto impresionante, y estamos emocionados de poder compartir un pedacito de lo que experimentamos en este vasto y hermoso rincón del mundo”.

“La película explora el ciclo de la vida de una forma emotiva e inspiradora ─comenta el productor Roy Conli─. Cada historia retrata una realidad que, de alguna manera, es un reflejo de nuestra propia experiencia humana. Es emocionante ver cómo los animales comparten muchos de los valores que para nosotros son tan importantes”.

NACIDOS EN CHINA, está dirigida por el consumado cineasta chino Lu Chuan, y producida por Roy Conli, de Disney, y los renombrados cineastas de naturaleza Brian Leith y Phil Chapman. La película presenta una banda sonora orquestal tradicional compuesta por el ganador de un premio Emmy® Barnaby Taylor que incorpora auténticos sonidos de China.

CONOCE A LOS ANIMALES

LAS GRULLAS DE CORONA ROJA REMONTAN VUELO
Se dice que cuando una grulla levanta vuelo, se lleva el espíritu de un ser que partió de este mundo al próximo.

El director Lu Chuan quería unir las historias de los distintos animales que protagonizan NACIDOS EN CHINA de una forma mágica y mítica. Rol que desempeña la grulla de corona roja. “La grulla es un animal simbólico y espiritual ─cuenta el director─. Hay una antigua creencia que dice que la grulla lleva el alma a un lugar nuevo y completa el ciclo de la vida”.

Los realizadores se aventuraron en los humedales de la Reserva de Zhalong y los humedales costeros de Yancheng para filmar a las grullas, esas hermosas aves de plumaje blanco como la nieve, dramáticas manchas negras y emblemáticas coronas de plumaje rojo en sus cabezas. La película se centra en la migración de estas aves, su hábitat siempre cambiante y las distancias que atraviesan con los cambios de estación. Según cuenta el director de fotografía Paul Stewart, acercarse a las aves fue más fácil de lo que esperaba. “Son aves muy nerviosas ─dice─. Siempre que queríamos acercarnos para grabarlas con sus polluelos éramos extremadamente cuidadosos porque no queríamos perturbar una especie tan rara como esta. Pero estábamos fascinados de que ellas aceptaran nuestra presencia y nos permitieran grabar y echar este raro vistazo a sus vidas junto con sus polluelos”.

Stewart cuenta que le sorprendió el tamaño de los polluelos. “Las aves adultas son realmente imponentes ─miden aproximadamente un metro y medio de alto─, pero los polluelos son diminutos”, comenta. “Al muy poco tiempo de nacer, ya pueden caminar, correr y hasta nadar”.

El cineasta era absolutamente consciente de la importancia de sus protagonistas. “La grulla de corona roja posee un enorme significado en la cultura china ─cuenta─. Es un símbolo de lealtad y longevidad. Era fundamental para nosotros en esta película retratar al verdadero animal que ha marcado e inspirado al pueblo chino durante miles de años”.

UNA SOBREPROTECTORA OSA PANDA
Una vez que YaYa ha completado sus quehaceres matutinos, vuelve a centrarse en su verdadero interés en la vida: su hija recién nacida MeiMei.

Desde el momento que se concibió NACIDOS EN CHINA para la pantalla grande, los realizadores supieron que los osos panda serían un personaje central de la película. “No puedes hacer una película sobre la naturaleza ambientada en China y no incluir a los pandas gigantes”, declara el productor Phil Chapman.

El oso panda es una especie venerada en China que está en peligro de extinción; según el censo de 2014, solo hay 1.864 pandas que viven en su hábitat natural. Los realizadores capturaron imágenes increíbles de una mamá panda y su cría interactuando en la Reserva Natural Nacional Wolong, situada en la provincia de Sichuan en la región central de China.

“YaYa es una madre primeriza ─cuenta Chapman─. No está muy segura de cómo debe criar a esta revoltosa cachorrita. Pero desde el momento que nació, quedó prendada de ella: de pies a cabeza. Un momento para disfrutar. Su primera cachorrita es la más tierna, dulce, adorable y hermosa bola de peluche del planeta ─no hay forma de que pueda dejar de estarle encima─ abrazando, acurrucando, lamiendo y abrumando de amor a MeiMei”.

El director Lu Chuan fue padre durante el rodaje de la película. “Tras haber sido padre, me siento tan identificado con el amor que YaYa siente por esta cachorrita. Es algo inmediato e inconfundible. Lo siento como algo muy personal”.

“El afecto que exhibe YaYa hacia su pequeña cría es increíble”, agrega el productor Brian Leith. “La cachorrita, por su parte, está decidida a convertirse en una experta trepadora de árboles. Es un comportamiento natural en los osos pandas, que ciertamente no nacen sabiendo trepar. Es una habilidad que los cachorros deben adquirir al igual que nuestros bebés deben aprender a caminar”.

“Es una historia con la que nos podremos identificar fácilmente ─señala Chapman─. Cualquiera que tenga hijos te reconocerá que no puede soportar la idea de que tengan que enfrentarse a los golpes del mundo real, en especial cuando son chicos e inexpertos. Es un viaje de aprendizaje durante toda nuestra vida en el que debemos aprender a soltar”.

Para asegurar que los realizadores no pusieran en peligro a los animales habituándolos a los seres humanos, los realizadores debieron usar “trajes de panda” ─trajes negros y blancos que los hacían verse y oler como osos panda─ que les permitieron mezclarse entre los animales que estaban filmando.

El director de fotografía Paul Stewart fue el encargado de capturar los momentos más especiales de los panda, utilizando una cámara cinematográfica Red Dragon (que se usó a lo largo de todo el rodaje). “El foco principal de nuestra historia es el primer año de vida del bebé panda ─explica─. Experimentamos el increíble entorno natural de China a través de los ojos del cachorro y presenciamos una relación realmente especial entre la madre y su cría”.

“He filmado numerosos animales ─continúa Stewart─, incluidos otros osos y sus cachorros. Pero nunca vi un vínculo tan fuerte entre una madre y su cría como en el caso del panda. Es realmente especial. La madre parece ver a su cría como a esta fantástica compañera de juegos: casi la trata como un juguete. La cachorrita es muy revoltosa y regordeta. Se mete en todo tipo de problemas. Se puede caer, rodar entre piedras, rebotar contra un árbol… pero tras el breve susto, vuelve a las andanzas dándole bastante trabajo a su madre”.

Stewart espera que la película tenga un significado importante entre los espectadores. “Creo que cuando el público vea el vínculo tan íntimo que une a la madre con su cría, no podrá no sentir una mayor conexión con los pandas en general”, declara. “Y espero que esa conexión conlleve una mayor comprensión de lo que estos animales deben enfrentar en el mundo natural y cuáles son sus perspectivas”.

UN MONO DESPLAZADO
Desde un tiempo inmemorial, los monos han sido considerados figuras de rebeldía y fechoría en los cuentos populares chinos. Y uno de los monos más traviesos de esta montaña es TaoTao.

En los valles de montaña de la región central de China, en los bosques de Shennongjia cerca del río Yangtsé, se pueden ver miles de langures chatos dorados que saltan de rama en rama entre la fronda de los árboles, comen bocadillos de líquenes e insectos y crían a sus familias dentro de tropas muy bien organizadas. “Estos peculiares animales viven en densos grupos sociales”, cuenta el productor Brian Leith. “Pudimos identificar los distintos núcleos familiares y conocer los distintos individuos con bastante rapidez”.

Los realizadores, inicialmente, habían planeado retratar el primer año de vida de un langur. Pero mientras buscaban una historia inspiradora entre el extenso material de monos recién nacidos que habían rodado, los cineastas repararon en un pequeño joven que acababa de tener una hermanita. “La vida de TaoTao acaba patas arriba cuando toda su familia deja de lado a este jovencito que hasta ese momento era el centro de atención”, cuenta el productor Roy Conli. “Él ahora no entiende qué lugar ocupa en su familia o en su tropa”.

Finalmente, los realizadores se dieron cuenta de que la historia de TaoTao era casi una extensión de la historia del oso panda. “Muestra lo que le sucede a un joven en el mundo natural cuando su madre deja de estarle tanto encima”, señala el productor Phil Chapman.

TaoTao decide buscar consuelo y aceptación en otra parte de la tropa, y se une a un grupo de machos, conocidos en la película como “Los chicos perdidos”. “Esto es bastante común entre las poblaciones de monos ─explica Leith─. Los machos pasan tiempo entre ellos, apartados de la vida familiar normal de la tropa. Así que TaoTao se une durante un tiempo a ellos, solo para descubrir que la vida entre estos machos solitarios puede ser un poquito dura. No hay reglas y, si no tienes cuidado, puedes salir lastimado”.

“El líder de estos marginados es un tuerto matón llamado Rooster ─cuenta Chapman─. Rooster tuvo una vida dura y creó un entorno que no es muy enriquecedor. Todos se cuidan a sí mismos, lo cual parece muy divertido… al principio”.

Las secuencias que retratan a TaoTao, su familia y Los chicos perdidos muestran lo que sucede cuando los jóvenes son librados a su propia suerte. “Los chicos perdidos invitan a TaoTao a participar en un juego que denominamos ‘Romper ramas’”, refiere Leith. “Es una escena bastante graciosa en la cual se la pasan saltando de un árbol a otro en un juego un tanto brusco”.

Según el director Lu Chuan, TaoTao acaba por encontrar su lugar en la tropa. “Queríamos mostrar su rito de iniciación ─señala ─. Su historia es divertida, conmovedora y elocuente”.

Los realizadores capturaron momentos en la vida de los langures dorados que rara vez ─si es que alguna─ se han visto en la pantalla grande. Pero no fue una tarea sencilla. Los miembros del equipo de producción todos los días debían abrirse camino a través del denso bosque, que suponía una gran inversión de tiempo y un gran esfuerzo físico. “El grupo de monos que seguíamos con nuestras cámaras vivía en zonas de gran altitud donde nieva en invierno; lo cual fue muy especial, pero propuso un enorme reto”, comenta el director de fotografía Justin Maguire. “El paisaje es montañoso con picos rocosos y dentados. Debíamos subir cargando nuestros equipos por una ladera empinada a través de una tupida y enmarañada vegetación, por lo general con nieve o el suelo mojado”.

Maguire y su equipo de dos o tres integrantes aprendieron a abrirse camino por el dificultoso y con frecuencia resbaladizo terreno en busca de sus protagonistas. “Debíamos ser ágiles y movernos con rapidez porque los monos pasan mucho de su tiempo sobre los árboles y pueden saltar de uno a otro en un instante”.

Maguire cuenta que el equipo debió buscar un equilibrio entre la calidad de las imágenes ─que requiere equipos y lentes más pesados y avanzados─ y el peso de los equipos que debían ser lo suficientemente livianos como para que el equipo pudiera captar los movimientos raudos de los monos. Observaron momentos de quietud mientras los monos se acurrucaban entre sí para darse calor durante la noche y otros de absolutas tonterías: uno de los monos jóvenes era conocido por dar volteretas hacia atrás sin ningún motivo aparente.

El director de fotografía dice que fue un privilegio pasar tiempo con esa tropa de monos. “Logramos conocer a cada uno en forma individual ─comenta─. Los observamos ser ellos mismos. Fue una experiencia magnífica. Los extraño”.

EL CHIRÚ MIGRANTE
La migración de estos venerados animales inunda las mesetas del Oeste de China como una marea oceánica.

Cada primavera, miles de hembras de chirú o antílope tibetano despiden a los machos y emprenden una épica travesía hacia el legendario lago Zhuonai en las remotas tierras altas de la meseta Qinghai. Y allí dan luz a sus crías. Las madres y los recién nacidos establecen lazos y practican las habilidades más esenciales ─como caminar─ antes de emprender la larga marcha de regreso a su hogar. “Emprenden la migración quizás más dura del reino animal para ir a parir junto a ese lago”, observa el director de campo Ben Wallis. “Nadie sabe exactamente por qué, pero es una tradición imponente de ver”.

En el planeta subsisten menos de 75.000 antílopes tibetanos a causa de la caza furtiva que se ha mantenido durante generaciones; lo que en 2004 inspiró al director Lu Chuan a realizar la premiada película Mountain Patrol. “Es la historia de una patrulla de montaña del Tíbet que protege al chirú de los cazadores furtivos”, cuenta el director.

El productor Phil Chapman dice: “En parte gracias al éxito de esa película, las autoridades de Beijing crearon la Reserva Natural de Kekexili. Ahora hay fuertes programas de protección del chirú y el número de animales comienza a aumentar”.

Solo llegar al campamento base le tomó al equipo de producción cinco días, teniendo en cuenta la necesidad de aclimatarse a la altura. “Cada día ascendíamos un poquito más”, cuenta el camarógrafo Rolf Steinmann. “El último día abandonamos la carretera y recorrimos 200 kilómetros por rudimentarios caminos de tierra para internarnos en las altas planicies. En ese momento, me dijeron que yo era el quinto occidental en conocer estos parajes adonde venían a parir las hembras, lo cual fue todo un privilegio”.

Acarrear todo el equipamiento con esa falta de oxígeno fue un verdadero desafío. “No puedo comparar ese lugar con ningún otro hábitat de la Tierra”, declara Steinmann, quien rodó desde someros hoyos, rodeado de piedras y cubierto con redes de camuflaje.

“El chirú es sumamente tímido porque se lo cazó durante generaciones”, señala Chapman. “Les tienen terror a los seres humanos. Así que Rolf (Steinmann) se acurrucaba dentro de estos refugios que llamamos ‘escondites de observación’. Pasaba entre tres y cuatro días seguidos apostado con agua y comida pero sin lugar casi para estirarse: los escondites no medían más de 60 por 90 centímetros. De noche hacía muchísimo frío. Solo debía esperar. Fue un verdadero juego de paciencia”.

“Pasaba 16 horas diarias buscando chirús desde mi escondite ─cuenta Steinmann─. Una vez pasé cuatro días apostado sobre una colina para rodar una enorme congregación de chirús en las tierras de parición. En un pequeño valle al otro lado de la colina, vi a un grupo de antílopes que huía. Y de pronto divisé a un lobo que los perseguía. Rápidamente tomé mi cámara y grabé la cacería”.

Naturalmente, en una película titulada NACIDOS EN CHINA, uno de los objetivos clave del esfuerzo con los antílopes era lograr capturar el nacimiento de una cría. La larga paciencia de Steinmann acabó por ser recompensada, y como resultado, logró imágenes arrebatadoras de una nueva cría que llega a un mundo extremadamente frío pero increíblemente hermoso.

LA LUCHA DE UNA LEOPARDO DE LAS NIEVES MAMÁ
Cada uno de los miembros de su cuerpo está diseñado para este terreno singular: desde su cola excepcionalmente larga que la ayuda a mantener el equilibrio hasta su moteado pelaje gris que le provee el camuflaje perfecto en un entorno rocoso.

En la meseta Qinghai de China, la meseta montañosa más elevada del mundo, habita el imponente y escurridizo leopardo de las nieves. Los expertos estiman que en las altas montañas de Asia Central solo quedan unos 4.000 ejemplares, si bien su número no se puede determinar con exactitud debido a lo difícil que resulta acceder a su hábitat y su fenomenal habilidad para no ser vistos.

“Proponernos rodar al leopardo de las nieves fue un proyecto sumamente ambicioso”, admite el productor Brian Leith. “Nos fascinaba la idea de poder mostrarlo en la pantalla grande, pero es un animal sumamente difícil de avistar; y aún más difícil de filmar. Ya se han intentado hacer numerosas películas de estos animales, así que sabíamos que nos embarcábamos en un proyecto que suponía un riesgo enorme”.

“Contamos la historia de Dawa, una madre leopardo de las nieves que debe luchar para poder alimentar a sus cachorros”, cuenta el productor Roy Conli. “El entorno donde vive es hostil e implacable, lo que aportó un gran dramatismo a la película”.

A más de 4.500 metros de altura, el mundo de Dawa es decididamente inhóspito. “Puede llegar a ser brutal ─señala el director Lu Chuan─. La comida escasea y lograr sobrevivir ya de por sí es lo suficientemente difícil como para encima tener que lograr que sus dos cachorros lleguen a la madurez”.

Las temperaturas invernales son gélidas, las precipitaciones se producen mayormente en forma de granizo y la limitada vegetación provee escaso reparo de los vientos que pueden superar los 65 kilómetros por hora. “La desolada belleza de este paisaje es imponente ─declara Conli─. Esta leopardo de las nieves es una criatura majestuosa. Y uno se da cuenta de inmediato de lo importantes que son estos cachorros para ella”.

Para poder filmar a los misteriosos y majestuosos animales, los realizadores volaron a la ciudad de Beijing y luego condujeron ocho días para llegar a la locación. Allí, contar con la cantidad de oxígeno necesaria no era algo que los seres humanos pudieran dar por hecho. Leith cuenta: “Asciendes y asciendes internándote en un terreno cada vez más inhóspito mientras intentas aclimatarte a la creciente altitud”.

Los cineastas realizaron extensos preparativos para asegurarse de que las operaciones de asistencia médica y evacuación de emergencia estuvieran listas para poner en práctica antes de iniciar el rodaje. “El mal de altura es una enfermedad común a cualquier persona que ascienda a esas alturas”, señala Leith.

La película sigue a una madre leopardo de las nieves ─probablemente una madre primeriza─ que lucha por cuidar a sus crías y a sí misma. “Dawa es una experimentada cazadora, pero aun así tiene poco éxito, en especial tras ser desplazada por leopardos de las nieves rivales a un territorio nuevo”, cuenta Leith. “Uno de los mitos más extendidos de la naturaleza salvaje es que la vida de los depredadores, de alguna manera, es más sencilla. Pero no lo es. La vida es igual de dura, y quizás hasta más dura que para las presas”.

“Decidimos contar una historia que reflejara la realidad y las adversidades que deben enfrentar estos animales en sus vidas”, continúa Leith.

Los productores recurrieron al talento del director de fotografía radicado en los Estados Unidos Shane Moore. “Shane es muy reconocido en la industria como cineasta de la naturaleza”, comenta el productor Phil Chapman. “Tiene una gran habilidad para capturar con su cámara a los depredadores más huidizos como leones de montaña, lobos, etcétera. Y si podía hacer eso, sabíamos que podría filmar a los leopardos de las nieves. Es alguien que está dispuesto a resistir lo que sea con tal de lograr sus tomas”.

“Llevo más de 30 años filmando fauna salvaje”, cuenta Moore. “Me crié en las montañas de Wyoming. Creo que hay un lenguaje común en la naturaleza estés donde estés, lo cual es una suerte teniendo en cuenta que nadie de nuestro equipo jamás había visto un leopardo de las nieves en estado salvaje cuando comenzamos”.

El equipo incluía artistas locales chinos y occidentales. Un monje del lugar se unió al equipo de Moore como asistente de cámara y rastreador, y pasaba horas a diario intentando localizar y filmar a los leopardos de las nieves. Una táctica que usaron Moore y su equipo fue observar a otros animales del área. Un ave de presa conocida como lammergeier solía advertir a los realizadores sobre las distintas cacerías de los leopardos de las nieves. Muchas especies de zorros frecuentaban la zona y eran acertadamente sensibles a sus depredadores vecinos, al igual que lo eran distintas alimañas. Una oveja guió a Moore a uno de sus primeros avistamientos del leopardo. “Vi una oveja azul en lo alto de una montaña a un kilómetro y medio de distancia que seguía atenta a un depredador”, cuenta Moore. “Tras pasar unas dos horas mirando en la dirección que ella miraba, finalmente divisamos al felino”.

“Están tan bien camuflados ─continúa ─. Se funden con las rocas y se mueven con gran sigilo. Son, sin duda, el animal más difícil de avistar de todo el reino animal”.

Recién a los tres meses de encontrarse en el lugar, el equipo logró comenzar a capturar buenas imágenes. “El último día de nuestro viaje, localizamos a la hembra y sus crías, pero fue un encuentro bastante limitado”, cuenta Moore. “Fue devastador tener que marcharnos, pero esa sesión de rodaje ─y mi visa para trabajar en el país─ estaban llegando a su fin”.

La mayor parte del material fue capturado a gran distancia ─a 400 o 500 metros─ con lentes extremadamente largas. “La tentación de acercarnos era constante”, cuenta Moore. “Las lentes largas tienden a moverse. Pero estábamos decididos a no violar la confianza del leopardo de las nieves”.

“Una vez, al asomarme por encima de una roca, vi a nuestra madre con sus dos crías a unos 15 metros más abajo”, continúa Moore. “Estaban todos durmiendo y me sentí tentado a filmarlos, pero sabía que si ella se despertaba y se asustaba, se irían y nunca más recobraríamos esa confianza. Así que me retiré con cuidado y me ubiqué a una distancia prudencial. Esperé todo el día y durante la última media hora de luz, se me permitió presenciar una escena maravillosa entre la leopardo y sus crías. Ella sabía que yo estaba allí, pero siguió enfrascada en sus asuntos”.

En efecto, en el transcurso del primer año, los felinos parecieron aceptar a Moore como parte de su entorno, permitiéndole llegar a filmar hasta a unos 50 metros de distancia. Moore cuenta que en casi todos los casos, los felinos estaban al tanto de su presencia. “Poseen una vista fenomenal ─comenta─. Así que decidimos que lo mejor que podíamos hacer era dejarles saber dónde estábamos y aclararles que no éramos una amenaza”.

Con la llegada de la primavera y la leopardo de las nieves desesperada, Moore cuenta que lograron capturar el momento en que ella intenta derribar a un ternero de yak. “Fue increíble ver cómo se apelotonaban todos los yaks ─cuenta─. Son animales poderosos. Era algo duro de ver, y mucho más de filmar. Por un lado, realmente me preocupaba la vida del leopardo, pero por otro, sentía pena por la madre del yak. Quería que ambos triunfaran”.

La historia de Dawa es conmovedora y dramática; y, al igual que cada de una de las familias de animales que forman parte de la película, memorable. Lu Chuan declara que ese es el objetivo de la película. “Es un film realmente especial ─señala─. La gente se reirá ─y quizás llegue a llorar─, pero se irá con una profunda emoción en su corazón”.

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