Y no, no estoy hablando de los enigmáticos y emblemáticos propósitos de año nuevo; no, esta vez no estoy hablando de esos choros que nos repetimos una vez al año, aquellas pequeñas metas o grandes logros que hacen eco en nuestra cabeza una vez al año y luego se olvidan, para retornar exactamente 365 días después; más, menos dependiendo de la conciencia de cada quien.

Es curioso no como puedes prometerte a ti mismo muchas cosas con entusiasmo, júbilo y una conciencia real de que vas a hacer todo lo posible por lograrlo, para unas horas después olvidarlo. Como cada promesa que has hecho en tu vida; eventualmente todas ellas son rotas, creo que si no fuera por los contratos y la obligación legal que existe tras ellos nadie cumpliría su palabra, porque se las lleva el viento a lugares muy olvidados en el tiempo y la mente.

Pero hoy no hablamos de esos propósitos o promesas rotas, que claramente merecen una mesa de análisis más profundo y no la embarradita que di hoy, ahora.

Yo estoy hablando de esos propósitos reales que nos hacen sentir vivos, en rumbo, ese sentido que le da SENTIDO a la vida, que nos hace movernos, que nos hace entrar en acción y nunca detenernos; propósitos que nos dan un sentido, nos dan un camino, nos orientan. En este caso la palabra adquiere otro sentido y más que ser promesas que se olvidarán, estos propósitos nos hacen movernos.

El otro día mientras iba caminando me di cuenta que todos tienen algo que hacer, todos tienen un lugar al cual ir, todos tienen una meta o propósito en la vida; algunos son a corto plazo como ir a la escuela a presentar un examen o salir temprano por la mañana para llegar a trabajar, todos estamos en movimiento porque ahorita, aquí y ahora estamos buscando conseguir un propósito, realizar una meta que es parte de un plan más elaborado, que nos lleva a conseguir otro fin, otro propósito que hace que tenga sentido vivir y hacer todas las cosas que hacemos.

Te imaginas que pasaría si no tuvieras un propósito, que pasaría si ahorita no tuvieras una meta importante que quieres conseguir, ¿qué pasaría?, supongo que muchos empezaríamos a preguntarnos el sentido de la vida, que hacemos ahora, para que estamos aquí y tal vez muchos en la búsqueda de esas respuestas descubran que no tienen nada.

Alguna vez has visto a una persona triste o deprimida, dime que los hace diferentes de ti, yo podría decir sin miedo a equivocarme que ellos perdieron un propósito, ese propósito real o ilusorio que los hace ser funcionales, ese motor que los hace funcionar.

La vida sin propósitos es como música sin letra, sin sonido, simplemente es algo que no existe.

Todos necesitamos saber qué hacer, a donde ir y cómo hacerlo; que bien muchas veces la sociedad y el status quo de las cosas nos dicen que y como, pero muchos nos atrevemos a desafiar estas reglas para decidir nuestro camino.

Ahora puedo ver que la infelicidad está completamente relacionada con la ausencia de un propósito que nos ponga en acción, incluso ir a la papelería para comprar una pluma, es algo a lo cual permite que una persona se aferre. Que muchas veces los propósitos van más a allá como tener una familia, pagar las cuentas o tener cierto coche o alcanzar ciertos privilegios.

El tener un plan es la única razón por la cual todos nos paramos en la mañana y salimos a enfrentar la vida, y cuando comprendes esto de los propósitos toda la vida toma una perspectiva diferente y empiezas a analizar esas cosas que te hacen estar vivo, porque vivir, no se trata de tener signos vitales, eso sería sobrevivir, VIVIR ES DISFRUTAR CADA COSA QUE HACES y si no lo haces tus propósitos en la vida están mal.

¿Qué pasaría si no tuviera un propósito?

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