En esta vida hay muchos momentos; ya sabes, los momentos felices, los momento tristes, los momentos de enojo, los momentos de máximo potencial, están incluso los momentum de una persona. Y no es que yo este encontrando el hilo negro de la vida, pero a veces olvidamos que esto a lo que llamamos vivir, es la suma de muchos y diversos tipos de momentos.

Claro, algunos los disfrutamos más que otros.

Pero hay ciertos momentos en la vida que te marcan, no solo se vuelen parte de ti, sino que se vuelven parte de la historia que te define como persona, y para nada tienen que ver los momentos felices, tristes, de ira, noooooo, los momentos clave en la vida de cualquier persona son los momentos awkward, es decir, los momentos incómodos, son estos los que nos recuerdan siempre quienes somos, de dónde venimos y adónde vamos.

Esos son los momentos parte aguas en nuestra vida, esos momentos incomodos o awkwards que nos recuerdan nuestros errores, nuestras incomodidades, nuestra falta de juicio y a veces algo tan simple como buen juicio o concentración.

Estoy convencida, en retrospectiva, que he aprendido más de esos momento incómodos que de cualquier otro tipo de momento o situación.

Ya sabes, el incómodo momento cuando te das cuenta que tienes unos kilos más, el incómodo momento cuando descubres que no sabes vivir en sociedad, el incómodo momento cuando te enteres de que alguien que llamabas amigo no lo era.

Creo que los momentos incomodos van de la mano por completo con cuando “te cae el veinte”, y es que, no hay un solo momento incomodo o awkward en la vida que no sea seguido de que comprendas la realidad, de que te caiga el veinte y como una cubetada de agua fría entiendas los errores que cometiste para terminar en medio del desastre. Es cuando te cae ese veinte que descubres lo incómodo del momento, entiendes el error y tratas de aprender; y el que eso sea un proceso de aprendizaje no le quita lo angustiante y todo el estrés al reality check que acabas de experimentar; en ese momento angustiante del día en que te cae el veinte, ese momento en el que descubres que tu distracción crónica o malas decisiones de juicio te han llevado a un momento incómodo y angustiante.

Ya sabes, ese momento angustiante del día en el que recuerdas que dejaste las llaves de tu casa, dentro de ella mientras las buscas en el pantalón bajo un intenso aguacero, o ese momento incomodo del día en el que te das cuenta que vas mal, que has tomado el rumbo equivocado; ya sea por la suma de todas las decisiones que has hecho en el día, no, que día ni que día, sino toda la vida. Llega un momento en que elegir pobremente, además de malas decisiones y todas tus distracciones te hacen darte cuenta que vas por el rumbo equivocado en la vida.

Ese momento incomodo del día en el que te das cuenta que vas mal

Y la certeza angustiante de ese momento es innegable e inequívoca, uno de los reality check más terribles en la vida de una persona, eso de ir por un rumbo equivocado y ser consciente de ello, porque te cayó el veinte en ese momento incomodo de la vida.

De verdad, no hay nada más terrible que ese momento incomodo del día en el que te das cuenta que vas mal, cuando te das cuenta que vas por el rumbo equivocado. Y yo puedo dar fiel testimonio de ello, ayer me cayó el veinte, en un momento awkward y angustiante, de esos momentos en la vida en los que solo puedes reír, tan fuerte y con tanta convicción que los que están cerca podrían pensar que estás loco o loca.

Así me paso ayer, un momento incomodo, extraño y gracioso en la noche que me hizo darme cuenta que iba exactamente en el rumbo opuesto de la vida.

metro camarones

A decir verdad iba en el rumbo opuesto de la línea naranja, esa que va de Mixcoac al Rosario; y me di cuenta en el momento en que estaba en la estación Camarones, en ese momento mientras pensaba y calculaba mi GPS donde diablos andaba, fue que me di cuenta que estaba mal.

Y sí, sabes que Yes es pobre, cuando se la vive contándote sus anécdotas en el metro, en la estación Camarones.

Me tomo mucho tiempo y por supuesto casi 10 estaciones para darme cuenta que iba en el sentido contrario, además, no entiendo que paso, como me desconecte tanto para viajar tantas estaciones en el metro sin darme cuenta que iba mal.

En serio, WTF Yesica, WTF.

Normalmente solo me hubiera dado risa, pero en la noche y estar casi en una terminal extraña, o en la estación Camarones se me hace algo ligeramente peligroso.

Supongo que a veces es mejor tarde que nunca para darte cuenta que vas en la dirección contraria. Creo que eso es lo importante de esto vida llena de momentos, saber a dónde queremos ir para entender cómo debemos llegar.

Definitivamente es mejor darte cuenta, inclusive en la estación Camarones, a hacerlo muy tarde.

Aunque en esta ocasión mi error fue literal y no metafórico, es bueno estar alerta para evitar que esos momentos incomodos del día nos hagan reír o enojar.

Que por cierto, la explicación más lógica a mi error, debo decirlo, es la distracción crónica y soñar despierta, ir pensando en las historias jamás contadas que alguien tiene que escribir.

Esa es la razón por la cual personas como yo experimentamos más ese momento incomodo del día en el que te das cuenta que vas mal.

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