Cuando quieres mucho a alguien, pero ya no aguantas una pendejada más

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¿Alguna vez te ha pasado?, ese momento, en el que no te fumas una sola pendejada más, y el más mínimo error es la gota que derramará el vaso, pero, lo irónico es que, cuando ya no aguantas un pequeño error más, ese ser querido sale con una pendejada épica, de esas que nos das crédito, que no sabes si llorar o reír y ahora sí, ha sobrepasado y por mucho los límites de la paciencia y la decencia.

Me pregunto, cuando esas personas dejarán de cagarla, y comenzarán a dejar de hacer esas pendejadas, porque hay ocasiones en la vida, cuando ni todo el amor del mundo, ni toda la paciencia de la que puedas disponer podrán evitar que quieras tirar la toalla y renunciar a un ser querido, que francamente, con su montón de pendejadas, tonterías y errores te hace preguntarte ¿qué demonios estoy haciendo aquí?, en serio, cual es la maldita necesidad o necedad de aguantar tanta pendejada y metidas de pata de alguien, explíquenme por favor.

Y es que ciertamente hay puntos en la vida, en los cuales, el amor que se necesita para aguantar los errores de alguien, simplemente no alcanza.

Sé que todos nos equivocamos, lo sé, algunos más que otros, pero en esta vida hay personas que se meten en una vorágine de errores interminables, una suma de pendejadas que acaban por terminar con la paciencia de la otra persona.

Ahora, el otro escuchaba como alguien decía “son las personas que más queremos, las que más nos lastiman, con intención y sin intención”; supongo que entonces es parte de la vida aprender a aguantarnos esos errores, y esas pendejadas, pero cuando son tantas cosas, tantas metidas de pata, tantos errores, que descubres que ya no aguantas una sola cosa más, simplemente no la aguantas, y sin importar todo ese amor que sientes, ya no vas a tolerar una pendejada más, simplemente ya no puedes.

Pues bien, así me paso el otro día con mis perros, que de verdad los quiero mucho, y trato de ser pacientes cuando muerden cosas que me importan o son valiosas, digo, hace poquito mordieron mis botas más caras, las que solo había usado 3 veces, solo 3 veces y a alguno de ellos, no se quien, se le ocurrió morderlas; pensé en ese momento, fue mi culpa, no las debí haber dejado en el piso, escondidas tras muchas cajas, para que los perros no las vieran.

Pero me armé de paciencia y dije no hay pedo, pero el día de hoy que se salieron a molestar a otro perro, y terminaron arrastrándome varios metros, lastimando mi rodilla y mi espalda, en ese momento lo pensé, ni todo el amor del mundo, les va a aguantar una pendejada, y menos así.

Realmente me enoje mucho con ellos, pero lo peor fue la decepción que esos 3 me hicieron pasar, porque no importa cuanta paciencia les tenga, con cuanto tranquilidad o amor les quiera enseñar a portarse bien; simplemente no me hace caso.

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